martes, 9 de agosto de 2011

Donde los sueños se toman en serio

Al dormir, se pierde todo contacto con el mundo exterior y se ingresa al reino onírico. Aun quienes consideran importantes sus sueños, por lo general sólo les atribuyen un significado simbólico. Pero miembros de la tribu zandé, de Sudán, Zaire y República Centroafricana, creen que lo experimentado al soñar son hechos reales.

Para los zandé, los sueños placenteros son profecías de buenos acontecimientos, mientras que los desagradables son presagio de enfermedades e implican un encuentro con brujerías. Creen que todas las desgracias, en particular las enfermedades y la muerte, son obra de los espíritus de brujas en busca de almas inocentes. Cuando un miembro de la tribu se duerme, su alma se separa del cuerpo y puede vagabundear. Pero las brujas también dejan sus almas rondar durante el sueño. Si los dos espíritus se encuentran, luchan. Este enfrentamiento es lo que los zandé interpretan como hecho real.

Quien tiene un mal sueño debe consultar a un adivino, que le ayuda a identificar al brujo o la bruja causante de los pensamientos perversos, para poder conjurar la brujería.

Los miembros de la tribu elgon, en la frontera de Kenya con Uganda, también hacen mucho caso de los sueños. Carl Jung, psicólogo suizo del siglo xx que dedicó gran parte de su vida al estudio de la interpretación de los sueños, convivió algunos meses con esta tribu. Le satisfacía sobremanera observar cómo la interpretación que esta tribu daba a los sueños confirmaba su teoría de que hay dos clases de sueños: los de carácter personal y los que tienen naturaleza colectiva.

Jung observó que los elgon distinguían entre sueños "grandes" y "pequeños". Si un elgon tenía un sueño que sólo lo afectaba a él, o sea uno "pequeño", era insignificante. En cambio, si era un sueño "grande", uno que pareciera tener una repercusión más extensa en toda la comunidad, como sería la premonición de sequía, se reunían todos los miembros de la tribu a escucharlo y discutir qué medidas deberían tomarse.

¿Sabías que...?

La gente de Alemania y Transilvania una vez compartió la creencia de que dormir con la boca abierta era peligroso. Temían que el alma del durmiente se escapara por ahí en forma de ratón y fuese dañada en sus viajes. En consecuencia, si el alma quedaba impedida permanentemente para regresar, el durmiente jamás despertaría.

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