lunes, 26 de septiembre de 2011

Mi dilema con las agendas caras

Mi dilema con las agendas caras
Mi dilema con las agendas caras

Déjenme contarles algo: Me gustan mucho las agendas. He utilizado muchas marcas, la mayoría eran de las económicas, de esas que compras en cualquier papelería y que cuando no llegabas ni a la mitad ya se estaban deshojando. Algunas de las mejores que he tenido son las que me regala la aseguradora cada enero; y la mejor que he comprado fue una ganga de una venta de garage. Ésta última por cierto, es mi favorita, y es un clon de las Moleskine.

Pero no le he dado la oportunidad de serme útil.

Cuenta Gloria Trevi en su canción "Ella que nunca fue ella" la historia de una mujer que nunca en la vida hizo lo que le gustaba hacer. Y no fue sino hasta la tercera edad que un día se decidió a cambiar, y que a partir del día de mañana se dedicaría sólo a ella misma. Pero ese día nunca llegó, ya que al parecer murió esa misma noche.

Lo anterior me ha puesto a reflexionar sobre las agendas, y sobre otras cosas claro está. Esos cuadernos de hermoso papel tienen un problema para mi: son demasiado atractivas como para escribir en ellas cualquier idiotez. Y pasa el tiempo y la mayoría de sus hojas siguen en blanco... en la espera de una frase digna para ser plasmada en su elegante papel.

Y mientras, papelitos por aquí y papelitos por allá con anotaciones de todo tipo inundan mi cartera, mis cajones, el maletín... papeles, papeles por doquier.

Y ese es el maldito asunto de las agendas caras; que no quiero arruinarlas anotando en ellas cosas mundanas o aburridas. Mi idea para su destino es almacenar en ellas ideas simpáticas, profundas, textos invaluables que, algún día, sean descubiertas por mis descendientes en algún baúl olvidado y la conviertan en un Best Seller.

¡PERO QUE BABOSADA!!!

Las agendas se deben utilizar para todo, para eso fueron hechas. Se trata de papel normal, y no de hojas  de oro puro. No importa en ellas escribes un chiste, un artículo, o la lista de útiles escolares. Están diseñadas para ponerles tinta y no importa si resulta ser un texto despreciable. Si espero a escribir en ellas únicamente "genialidades", de seguro pasarán años antes de que la llene.

Por eso, ya no me va importar si se trata de una agenda muy pero muy cara, lo de valor será lo que contenga. De ahora en adelante, voy a anotar lo que sea, aunque sean estupideces... ¡He dicho!