lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Si nada se pega al teflón, cómo lo adhieren al sartén?

Una de las preguntas más recurrentes cuando se quiere jugar a las paradojas. Para las mentes simples es una cuestión que no les interesa resolver… y basta con soltar una risita tonta para olvidar el asunto… Pero entonces ¿cómo diablos pegan el teflón al sartén?

El teflón no deja de ser un plástico sujeto a las propiedades de su tipo. La aplicación como recubrimiento en sartenes u otros objetos se lleva a cabo con procesos químicos especiales (alterando estratégicamente su estructura) y temperaturas muy elevadas. Ello le da cierta durabilidad, aunque es común que las superficies de teflón se desgasten y éste se vaya cayendo.

Es un material sorprendentemente en muchos sentidos: resiste temperaturas superiores a 300º C sin presentar modificaciones. Es resistente al agua y no la absorbe. No guarda olores ni sabores. Es incombustible y flexible, con gran potencial para el aislamiento eléctrico. Soporta la acción de la mayor parte de ácidos y bases y tampoco lo afectan los solventes orgánicos más comunes.

Sus propiedades se originan en los átomos de flúor, mismos que crean una barrera para prevenir los daños en su estructura química. Lo descubrió por accidente Roy J. Plunkett, investigador de la empresa Dupont, en 1938. En 1960 fue patentada para utensilios de cocina, pero hoy se le emplea para refrigeración, revestimiento de cables y en la industria aeroespacial.

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