martes, 15 de noviembre de 2011

Manual de supervivencia laboral.

Para sobrevivir en el difícil ambiente laboral de hoy, hay que saber qué terreno se pisa.

Asista a toda reunión en que se sirva algo de comer. Si además cierra algún trato provechoso, ya es ganancia.

En el correo electrónico, escribirlo todo en mayúsculas equivale a gritar. Es un recurso para llamar la atención, pero quien lea el mensaje no sabrá exactamente qué se ha querido recalcar.

Quienes se niegan a intervenir en el politiqueo de la oficina pueden quedar a merced de quienes sí participan. Si usted se mantiene al margen, le conviene al menos conocer las reglas del juego.

Las reuniones siempre duran 50 por ciento más de lo previsto. Téngalo presente al planear sus actividades.
En ciertos memorandos, lo único que importa es a quién se le ha enviado copia.

Nunca faltará quien lo critique por tomar una acción

Nunca ponga una rosquilla glaseada en la almohadilla del ratón de la computadora.

La falta de sentido de urgencia lleva tarde o temprano a la falta de empleo, también por dejar de tomarla. Haga lo que crea correcto.

Los rumores siempre son más rápidos que las comunicaciones normales, y a menudo bastante exactos.

Deje de esperar que le caiga más tiempo del cielo y ocúpese en emplear el que ya tiene.

La proverbial incompetencia del lunes por la mañana es una realidad. Los científicos creen que se debe a lo que comemos y bebemos el fin de semana. Pero no cambie sus hábitos alimentarios; mejor, fíjese objetivos razonables para el lunes.

En general, los procedimientos "normales" para hacer las cosas están lejos de serlo; hay que aprender los procedimientos que realmente sean eficaces.

Tratar a las personas como si fueran cifras hará bajar las cifras de la compañía.

No envíe por correo electrónico nada que no quiera que aparezca en su expediente.

Si en una reunión no están presentes las personas indicadas, habrá más de una reunión.

Delegar implica dejar de hacer parte del trabajo. No confunda delegar con duplicar.

Tenga cuidado con el mensaje de saludo de su contestadora. Si todos los recados que le dejan empiezan diciéndole que se le oye cansado o enfermo, grabe otro con un tono de voz más jovial.

Si tiene usted que recurrir mucho a la frase "en otras palabras", es que no ha dicho las palabras correctas.

Ládrele a la luna, no a su jefe.

En el trabajo, la carrera no siempre la ganan los rápidos; en la vida hay cosas más importantes que ser veloz.

Nunca proponga medidas que no desee que se tomen.

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