viernes, 16 de marzo de 2012

Corresponsal incansable

La edad de oro de la correspondencia comenzó con el abaratamiento del correo y duró casi un siglo, hasta que el teléfono se generalizó.

No era raro que los escritores ingleses de la época victoriana redactaran diez cartas antes del desayuno y, como el servicio postal hacía muchas entregas al día en el centro de Londres, tampoco lo era que recibieran diez respuestas antes de la hora del té. Charles Dickens aseguró una vez que escribía 100 cartas diarias, pero el que se llevó la palma fue quizá George Bernard Shaw, quien escribió más de 250,000 en su vida, si se cuentan las postales. Entre las personas con las que se carteó figuran cierto vaquero tejano que le pidió su opinión sobre el marcado de las reses, un clérigo. que criticaba su manera de emplear el infinitivo, y una señora que creía que en la maternidad le habían cambiado a su bebé por otro. Además, Shaw debatió por escrito con el compositor Edward Elgar sobre música china, e intentó en secreto modificar el himno nacional británico.

—Marryn Harris, en The Daily Telegraph (Londres)

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