La batalla del 5 de mayo [Lámina escolar]

Batalla del 5 de Mayo

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La batalla del 5 de mayo

Los invasores pensaron que la ocupación de la Ciudad de México sería algo fácil, por lo que Lorencez lanzó un manifiesto en el que invitaba a los mexicanos a confiar en Napoleón ni, a cuyo amparo se podría establecer un gobierno en México, el cual garantizaría la independencia y la integridad del territorio. Así, el avance del ejército francés rumbo a la meseta central de México, durante los meses de abril y mayo de 1862, tuvo su primer altercado militar en las Cumbres de Acultzingo, en donde Ignacio Zaragoza les cortó el paso, pero no tuvo éxito por lo que el Ejército de Oriente se apostó en los fuertes de Loreto y Guadalupe para defender la ciudad de Puebla y de esta forma impedir el paso a la Ciudad de México. Las fuerzas encabezadas por Ignacio Zaragoza estaban formadas por 12 mil hombres al mando de los generales Miguel Negrete, Felipe Berriozábal y Lamadrid.

Los franceses comenzaron el ataque desde el mediodía del 5 de mayo al mando de Lorencez. Negrete llevó el peso de la batalla y la brigada de Berriozábal apoyaba a Zaragoza por la izquierda, mientras que por la derecha lo auxiliaba la guarnición de Porfirio Díaz. De esta forma, en medio de una fuerte tormenta, los franceses fueron rechazados tres veces consecutivas; a pesar de haber demostrado gran fuerza y valor, fueron agredidos por la caballería mexicana y se vieron obligados a ordenar la retirada a las 4:30 de la tarde. Lorencez ordenó la retirada con un saldo de 476 soldados muertos y 345 heridos. La caballería de Porfirio Díaz y Berriozábal persiguió a los franceses durante la retirada, quienes se dirigían a Orizaba con la intención de reorganizarse. Sin embargo, los mexicanos no pudieron continuar con la persecución debido, por un lado, a que las fuerzas armadas con las que contaban eran escasas y a que las condiciones climáticas —la lluvia torrencial— no lo permitieron.

La reconstrucción nacional

México había elegido como Presidente a Benito Juárez para el periodo 1861-1865, quien para atender los gastos más urgentes de la administración pública tomó una decisión, que internacionalmente, prendería la mecha de la discordia. Al quedar instaurado el gobierno republicano de Benito Juárez, la deuda externa de México ascendía a más de 82 millones de pesos, por lo que en julio de 1861, Juárez decretó la suspensión del pago de dicha deuda. El gobierno mexicano nunca se negó al reconocimiento de lo que debía, sólo pidió a los acreedores que concedieran tiempo para poder vencer las dificultades que había provocado la guerra civil y después ponerse al corriente con los pagos, pues en ese momento era imposible hacerlos.

La respuesta diplomática de México

Los representantes de las tres potencias enviaron un ultimátum al gobierno de Juárez en el que pedían el pago de sus deudas. Juárez contestó manifestando su deseo de llegar a un arreglo amistoso e invitó a los representantes de las mismas a tener una conferencia con el ministro de Relaciones Exteriores de México, Manuel Doblado. Las naciones aliadas aceptaron y el 19 de febrero de 1862 en el pueblo de la Soledad, se reunieron Juan Prim, representante de los aliados, y Manuel Doblado. En esta conferencia preliminar, se aprobaron varios puntos fundamentales para México y se firmó el Tratado de la Soledad, en el que se establecen los medios para solucionar el problema de manera diplomática.

El triunfo de las fuerzas liberales

Tras la guerra de Reforma y el triunfo del partido liberal en 1861, Juárez entró a la Ciudad de México y, después de meses de andar por varias ciudades de la República, estableció su gobierno y nombró un nuevo gabinete formado por liberales que fue muy bien recibido por la gente.

Con la finalidad de dar solución a los problemas más inmediatos del país, el gobierno destinó la mayor parte de los recursos para la reconstrucción de México, por lo que se vio obligado a suspender, por dos años, el pago de toda la deuda externa y sus intereses. Esta suspensión temporal dio a España, Francia e Inglaterra el motivo para intervenir militarmente a México.

El arribo de las fuerzas invasoras

Con el propósito de acordar la justificación de una intervención armada contra México, el 31 de octubre de 1861, representantes de los gobiernos de España, Inglaterra y Francia realizaron la Convención de Londres. En ella se acordó el envío de fuerzas armadas a territorio mexicano para asegurar el pago de los créditos. De esta manera, en los primeros días de enero de 1862, barcos de guerra de las tres naciones arribaron a la costa de Veracruz.

A pesar del trabajo diplomático del gobierno de Juárez, mediante el cual trató de negociar una solución a los reclamos de la fuerza tripartita, no se pudo evitar la llegada de las fuerzas extranjeras a México.

La segunda lucha contra Francia

Terminada la Guerra de Reforma, el gobierno liberal mexicano, encabezado por Juárez, se enfrentaba a las dificultades financieras, lo que lo obligó a tomar la medida de suspender el pago de la deuda exterior y de sus intereses; sin embargo, Inglaterra, España y Francia se pronunciaron contra tal medida y decidieron intervenir en México para obtener el pago de la deuda por la fuerza.

Además de los problemas económicos, México se enfrentaba al hecho de que los hombres del partido conservador intentaban crear una monarquía con la ayuda de alguna potencia europea, pues pensaban que sólo de esa forma México podría prosperar en todos los aspectos y que era una manera de detener la amenaza expansionista de los norteamericanos, quienes penetraban cada vez más en las naciones americanas. Estas ideas provenían de mexicanos que se angustiaban por el constante caos que imperaba en México desde 1821 cuando se separó completamente de España. En aquellos tiempos era algo común y efectivo el que se buscara algún príncipe de un imperio fuerte para encabezar el gobierno de un país y lo convirtiera en una nación respetada y estable; por lo anterior, algunos conservadores mexicanos lucharon a su modo para llevar a cabo ese proyecto.

Entretanto, el gobierno mexicano se preparaba a resistir la invasión empleando las negociaciones diplomáticas y consiguió, mediante el Tratado de la Soledad, que se reconociera al gobierno de Juárez y que no se intentara nada en contra de la integridad del territorio y la independencia nacional. Se convino que las fuerzas armadas de dichos países sólo ocuparían las poblaciones de Orizaba, Córdoba y Tehuacán mientras se arreglaba lo referente al pago de la deuda. Iniciadas las negociaciones entre el gobierno de Juárez y los europeos, ingleses y españoles se percataron de que los franceses tenían otras intenciones diferentes al pago de la deuda, por lo que aquellos decidieron embarcarse con las tropas de regreso a sus países.

La segunda intervención comienza cuando los franceses desconocen los Tratados de la Soledad y deciden imponer una monarquía en México con el apoyo de un numeroso ejército y un amplio grupo de hombres del partido conservador mexicano. El ejército francés se puso en marcha rumbo a Puebla, donde tuvo los primeros encuentros con el Ejército mexicano comandado por el general Ignacio Zaragoza. Con la violación de los Tratados se inició la guerra contra la intervención francesa.

El Ejército de Oriente

Durante la mediación del ministro Doblado frente al representante de la fuerza tripartita invasora, el gobierno de Juárez ya había tomado precaución y ante la proximidad de los invasores se organizó el Ejército de Oriente dirigido por el general López Uranga.

Cuando López Uranga deja el mando del Ejército de Oriente, Juárez cede esta responsabilidad a Ignacio Zaragoza, algo muy complicado, pues se trataba de detener el paso a los invasores, lo cual era difícil debido a la precaria situación que guardaba el país, tanto en el aspecto económico como el político.

La importancia del triunfo

Para México, la batalla del 5 de mayo de 1862 tiene un gran significado moral, pues la victoria trajo consigo optimismo y confianza para enfrentar al enemigo en futuras batallas, "porque levantó de un golpe a la República del fango de la degradación y cobardía, en que sus enemigos la suponían hundida". La población mexicana reforzó la identidad nacional y se definieron algunos de los principios fundamentales de la política exterior de México, es decir, el respeto por la soberanía y la integridad nacional.

Cuando en Europa se supo del fracaso de los franceses en Puebla, se manifestó estupefacción porque un pueblo considerado sin fuer2a, sin ejército, sin cohesión, demostró ser una nación organizada con gran resistencia.

Se desconoce el Tratado de la Soledad

El 19 de febrero fue firmado el Tratado de la Soledad en el que, entre otras cosas, se estipulaba que las negociaciones se celebrarían en Orizaba, Veracruz; además, que los emisarios de los países reclamantes no intentarían nada contra la independencia nacional ni contra la integridad del territorio mexicano y se convino que las fuerzas aliadas sólo ocuparían las posiciones de Oriazaba, Córdoba y Tehuacán mientras duraban las negociaciones. España e Inglaterra se retiraron tan pronto arreglaron sus asuntos; sin embargo, los franceses se negaron a cumplir con lo estipulado. Cuando el ministro de Relaciones, Manuel Doblado, reclamó al ministro francés sobre el incumplimiento del tratado, éste contestó que su firma en dicho convenio "valla tanto como el papel en que estaba escrita".

El apoyo zacapoaxtla

Las tropas mexicanas al mando del general Ignacio Zaragoza enfrentaron de una manera decidida al poderoso ejército francés que venía precedido de varias victorias. El enemigo avanzó hacia la ciudad de Puebla; al llegar a las faldas del cerro de Guadalupe se encontraron con el 6° Batallón Nacional de Puebla integrado por indígenas de la sierra de Tetela, Xochiapulco y Zacapoaxtla, quienes hicieron retroceder a los franceses.