¿Por qué el hombre se excita con el pecho femenino?

Nunca sería un artista si las mujeres no tuvieran senos.
Auguste Renoir
PechoEntre todos los mamíferos, la mujer es la única hembra que tiene el pecho siempre hinchado. Lo que para los animales es signo de maternidad, para gran parte de los humanos es objeto sexual, para algunas culturas no tiene atractivo erótico.

Según la hipótesis de Desmond Morris, autor de El mono desnudo, cuando los homínidos se pusieron de pie, la vulva femenina se escondió entre los muslos y las nalgas perdieron su papel de seña, pues indicaban a los machos cuándo se encontraba en celo la hembra -como ocurre con los chimpancés, a los que se les ponen coloradas-. Con la postura erguida, el centro de interés sexual se trasladó, por selección natural, de la parte posterior a la delantera, y la naturaleza redistribuyó las señales por autoimitación. Así, el rojo de los labios pasó a representar al de la vulva, al mismo tiempo que la redondez de los senos imitaba la de las nalgas, convirtiéndose los primeros en un símbolo sexual. Para Sigmund Freud, el interés masculino por el pecho femenino tiene su origen en los primeros años de vida, ya que para el lactante es una fuente de placer, al aportarle alimento y calor humano. De esta forma, el recuerdo emocional queda fijado en el inconsciente, identificando la idea de madre y mujer con esta parte corporal.

Charles Darwin decía que "en la madurez, cuando nuestra vista capta algún objeto semejante al busto femenino, nos invade un destello general de deleite y notamos un fuerte deseo de aplicarle nuestros labios, como hacíamos al chupar el pecho de nuestra madre".

¿Sólo para amamantar?

En cualquier caso, el gusto por el pecho tiene un fuerte componente cultural.El gusto y erotización por el pecho femenino es cultural y socialmente aprendido; lo mismo sucede con otras partes del cuerpo, como las nalgas o los ojos. Pero en otras culturas no siempre sucede lo mismo:
  • Para los árabes, las caderas son mucho más erotizantes que los senos.
  • Para los esquimales, el pecho es sólo para amamantar y dar calor con su contacto.
  • En Japón, los genitales y la nuca son las partes del cuerpo más eróticas de la mujer.
  • En Cuba, las caderas y las nalgas -sobre todo si son voluminosas- es lo más sensual.
  • En China, las figuras eróticas tienen acentuados los rasgos de la cara y la sonrisa. Los pies pequeños también son muy eróticos.

Mejor alimentadas

Si nos fijamos en la evolución de los gustos a lo largo de la historia, "la erotización de los pechos femeninos ha sido sobre todo un asunto de hombres", según afirma Marilym Yalom en su libro Historia del pecho. Con la comercialización del busto en el siglo XX -que lo convirtió en un instrumento publicitario para vender todo tipo de productos-, se han creado nuevos modelos, pero en ningún caso la mujer ha podido intervenir en la creación de estas modas de acuerdo con sus necesidades eróticas.
Especialmente en nuestra cultura, los pechos son erotizados a través de los medios de comunicación. De hecho, la moda determina el tamaño y la forma de éste; actualmente, ha entrado la cultura de la cirugía plástica y se ha impuesto, casi como una necesidad, la de buscar el busto perfecto.

En gustos se rompen géneros

Por otro lado, también existen diferencias entre los gustos. Los estadounidense: parecen sentir cierta obsesión por los pechos de gran tamaño y sus símbolos eróticos son representados por las voluptuosas chicas de la revista Playboy. Sin embargo. a unos les gustan grandes, a otros chicos: es decir, no hay realmente algo general, a cada hombre le gustan pechos distintos. En su libro Nuestra especie, Marvin Harris ofrece una posible explicación sobre el origen de la preferencia por los pechos grandes desde nuestros antepasados los simios: "La selección natural favoreció a las hembras de pechos permanentemente desarrollados y pendulares, pues indicaban a los posibles pretendientes que éstas gozaban de buena salud y estaban físicamente dotadas para soportar las cargas físicas adicionales que imponen el embarazo y la lactancia, explica el autor.

Pequeño y erecto

El primer signo de excitación que encuentra el hombre en el pecho femenino es el que produce su visión. La forma preferida para los hombres varía del seno erecto y pequeño al largo y colgante. Por el contrario, suelen desagradar los pechos blandos y caídos, aunque esto depende de las experiencias de cada persona. Además, el tamaño será determinante en la atracción sexual, de la misma forma que lo son el tamaño de los ojos o la inteligencia.
Muchas mujeres, sin embargo, están descontentas con sus senos. Marilym Yalom menciona en su libro una encuesta realizada en 1973 en Estados Unidos, la cual reveló que el 26% de las mujeres se sentían insatisfechas con sus pechos. Esto se refleja claramente en Occidente, que tiene una cultura de cirujanos plásticos, pues el pecho debe ser firme y duro. También hay un estereotipo de belleza único para todas las mujeres: como si todas fueran muñecas Barbie, por decirlo de alguna manera. Lograr esto es muy complicado porque no tiene esa estructura, entonces la frustración es muy grande.

Zona erógena

Pero ni el tamaño ni la forma influyen en la sensibilidad de esta parte del cuerpo. Algunas mujeres llegan al clímax sólo con que se los acaricien. Para otras, en cambio, puede resultar molesto e incluso doloroso. Las razones (por las que esto sucede) son varias: que hayan sufrido de abuso sexual, que las hayan manoseado mucho y por una falta de aceptación del propio cuerpo. Si el pecho no cumple con el estereotipo culturalmente aceptado, entonces les da vergüenza que se lo toquen o vean. Asimismo, las mujeres están acostumbradas a que se les toque suavemente con las manos, las mejillas o los labios. Cada mujer debe ir aprendiendo cómo le gusta ser tocada y comunicárselo a su pareja, ya que muchas veces se dejan tocar de alguna manera que no les gusta.

De hecho, la influencia psicológica es a veces más significativa que la física en la relación sexual. Es importante que las mujeres se gusten como son y que acepten su cuerpo. El pecho es una zona erógena importante, por ello debe verse y tocarse con respeto. Curiosamente, la sensibilidad del pecho del hombre es distinta al de la mujer. Gérard Leleu, en su libro Las caricias, dice que "el pezón del hombre es muy poco fértil para el placer. Para la mitad, su estimulación le resulta desagradable. A la otra mitad, puede producirle cierta turbación".