sábado, 24 de noviembre de 2012

Matar en nombre del amor; anatomía de un crimen pasional

El amor se transforma en un deseo aniquilante de desahogar el profundo dolor de sentirse olvidado, engañado o vilmente maltratado En un instante la fe se nubla y todo sentido del bien y el mal nos abandona. La sangre de ese ser tan común, tan presente en nuestra vida, escurre al advertir que hemos terminado con el suplicio y que ha comenzado un duelo que no sabemos traducir. Porque matamos lo que alguna vez fue nuestra razón de respirar.

Los crímenes de pasión parecieran predecibles, cometidos por celotípicos, abusadores y esquizofrénicos que encontraron placer en privar de la vida a quien no pudo amarlos. Lo cierto es que todos poseemos ese potencial homicida. Muchos de los condenados eran gente socialmente funcional, aparentemente estable que sufrió un episodio de locura, cuya génesis común fue el desamor. El asesinato pasional es aquel que se realiza con fines de castigo a otra persona con quien se tiene un lazo amoroso o sexual por motivos generados en la relación.

Los más comunes son la infidelidad, los celos, el maltrato físico o el abuso sexual hacia el cónyuge o los hijos. Sea premeditado o no. Dada la emocionalidad que lo envuelve está retasado de aristas. Tanto legales como sociales y hasta humanistas. Porque —siempre y cuando no sea concebido como respuesta a un padecimiento psiquiátrico—son crímenes conceptualizados como un merecido ajuste de cuentas. Demasiado ortodoxo, pero por encima de todo, se convierte en un hecho de impacto cuando una mujer da la nota roja. Como géneros distintos, asesinamos atendiendo a nuestra naturaleza. Y la historia ha demostrado los efectos que puede generar un corazón femenino hecho trizas.

UN CRIMEN DE DUDOSA DENOMINACIÓN

Es difícil tipificar con claridad los crímenes pasionales. Se integran a éstos el femicidio (asesinato por razones del género), los crímenes de odio por homofobia —debido a que la figura legal prácticamente no existe y nuestra sociedad no ha querido reconocerlos, corruptamente se atañen a las posibles parejas de las víctimas— y los asesinatos como resultantes de un episodio de violencia intrafamiliar donde a una de las partes se le pasó la mano, pero no pretendía matar. El término “crimen pasional” fue acuñado por los medios. Está comprendido dentro del título decimonoveno del Código Penal Federal, homicidio en razón de parentesco o relación y se castiga hasta con 60 años de cárcel. La ley no lo normaliza, no obstante hay una diferencia enorme entre el acto de matar a un familiar o pareja y efectuarlo por motivos que sólo subyacen en la pasión, ese padecer y perturbación desbordantes.

La contrariedad está en el proceso de identificarlo. Y es entonces donde las subjetividades surgen. Por lo regular se le da un tratamiento de “crimen en estado de emoción violenta”, es decir, en virtud de las circunstancias que desencadenaron el delito. Dicha falta se considera por ciertos jueces un atenuante pudiendo dictar sentencia de sólo dos hasta 12 años de prisión.

Cabe entonces poner sobre la mesa qué tan capaces son las instituciones de reconocer la autenticidad de ese estado emocional. ¿Cómo lo comprueban? Sobre todo, porque innumerables casos han sido tejidos finamente con objetivos económicos o son conclusión de maltrato prolongado por lo general hacia las mujeres. Sí, hay una implosión pasional en el homicida, pero no fueron hechos movidos por un súbito colapso de sentimientos contra la lógica. La diferencia en las sentencias es abismal.

HOMICIDIOS CON FALDA

El asesinato por pasión habitualmente tiene un rostro masculino. El que éstos [homicidas] sean mayoritariamente hombres señala que esta acción tiene que ver con las jerarquías de género en particular con la construcción identitaria de masculinidad y feminidad". En nuestra concepción histórica de sexos, la imagen de una mujer con las manos ensangrentadas pareciera casi antinatural. Según la evidencia epidemiológica, los hombres ejercen más violencia hacia las mujeres. Son ellas la que tienen más riesgo de ser asesinadas por parejas o ex parejas.las mujeres matan principalmente a familiares, a sus hijos, mientras que la mayoría de los hombres no lo hace con familiares, pero cuando sucede es a sus parejas.

Innegablemente el concepto provoca el levante de la bandera feminista. Las sociedades latinoamericanas estamos demasiado acostumbradas a observar con desfachatez una golpiza propinada de marido a mujer y con la misma venda nos cubrimos para afirmar que se trató de un crimen pasional cuando un fallecimiento fue el saldo. Es así que los especialistas en toda rama relacionada tienden a incluir el femicidio. En la clasificación de crímenes pasionales se integra todo aquello que involucre relaciones amorosas, sexuales y crímenes de montaje sobre dichos referentes donde se pasan por alto verdaderos actos feminicidas. No se sabe cómo manejar este tipo de casos y clasificarlos más allá de crímenes pasionales. Cuando la mujer no ejerce sus roles establecidos se considera que es necesario “enseñarla” o “darle un escarmiento”. Es claro que la ley no puede continuar considerándolos bajo la misma noción. Hay una condescendencia generalizada hacia los que “matan por amor”.

La tendencia indica que el crimen pasional a manos de mujeres suele elaborarse como respuesta al trato que muchas reciben de sus parejas. Pero al tiempo, esa propensión impide detectar que cada vez son más aquellas que dan muerte por puro y llano amor no correspondido o intereses monetarios. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2007 se registraron 8,868 muertes por homicidio en México, de los cuales 7,777 eran hombres. El 1.2% se relaciona con muertes por ajustes de cuentas de sus parejas, ya sea por propia mano o la de un tercero, de acuerdo con reportes de los diversos Centros de Readaptación Social. Antes de 2000, éstas representaban menos de 03%. Hoy en día no sabemos cómo podemos reaccionar ante un acontecimiento que nos perturba. Cada vez solemos sentirnos más descontroladas debido a las cargas de estrés y las emociones de abandono y autoabandono. En el caso de las relaciones de pareja es aún más impredecible porque cada vez tenemos menos seguridad de que alguien es leal o, como malamente se comprende, 'nos pertenece'.

Ante el aumento de homicidios (pasionales o no) realizados por mujeres es imposible no aludir a una nueva configuración mental, donde también se plantean como justicieras. Estadísticas de criminología en Latinoamérica reportadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia muestran que por cada cinco hombres homicidas pasionales hay una mujer La cifra hace menos de diez años equivalía a una por 12. Si retomamos la tan mencionada violencia intrafamiliar como detonante debemos también abrir la referencia sobre qué tanto colaboran ellas. Están descubriendo que se sienten en un mundo hostil no sólo hacia nuestro género, comprendido como machismo, sino en otra vertiente que les toca emocionalmente: la capacidad de ser amadas.

El modo más primario de responder a esa violencia implícita (o clara) es con violencia, la cual sienten cada vez más accesible, más parte de ellas. ¿Cuándo se había visto que una mujer le levantara la mano a su marido?, dirían las abuelas. Hoy es un hecho no de igualdad, sino de impacto sobre la figura familiar. Las lesiones y asesinatos entre cónyuges cada vez son menos exclusivos de los hombres.

RADIOGRÁFÍA DE UNA ASESINA

Las reacciones humanas pueden avisar en ocasiones, en otras nos acuchillan sin esperarlo. Nos preguntamos si existirá un perfil determinado. Sería aventurado generar un perfil, puesto que más que un asesino pasional se trata de un hecho individual o colectivo en que el crimen es ejercido como una forma de poder y control. La necesidad de inmediatez que vivimos nos demanda una guía para detectar todo riesgo, no se diga sobre quién meteremos a nuestra cama o casa.

Para algunos hombres las mujeres se han vuelto ilegibles porque cada vez se planteans más fuera del molde que toda ciencia social les atribuyó. Están situadas quizás en el lapso histórico en que todavía no se ponemos de acuerdo en quiénes son ni tampoco en quiénes quieren ser. Y no será hasta que clarifiquen el nuevo concepto de fémina que se halle la concordancia porque aún son un género subdividido y en contrasentido. Pareciera irreal que a unas cuadras de una mujer que se concibe independiente e ilimitada, vive otra que aún se autoconsidera propiedad del hombre que la eligió. ¿Quiénes, aún en esa disparidad de condiciones, son las que se atreverían a matar a su hombre?

No podemos generalizar que toda mujer que asesina a su compañero lo hace motivada por el maltrato. Por supuesto que existe quien un día se descubre engañada y es capaz de masacrar. El que sea menos común y por lo tanto menos estudiado en nuestro país nos impide relacionar que la idea de muerte prevalece en mayor medida en las mujeres. De acuerdo con la sistematización de los datos sobre el suicidio en México, que realiza el INEGI desde 2003, las mujeres son más propensas al suicidio, la depresión y a pensar que vale más la pena morir que vivir.

Trasladar el pensamiento de la propia muerte y llevarlo hacia quien se considera el causante de ese deseo es un pequeño paso empujado por las emociones". Lo anterior lleva a determinar que, pese a que no existe como tal el perfil de una mujer proclive a derramar la sangre de quien ama, sí existen señales de alarma. Sobre todo en las mujeres más jóvenes dada la soledad cada vez más visible en todo estrato social.

AMAR A MATAR

La ficción ha ensalzado a las mujeres que asesinan en el mismo orden en que una invasión alienígena o el exterminio de nuestra raza se exponen. El cliché morboso de la “tarántula”, la femme fatale con un revólver apuntando a su amante o la sociópata que se venga del sexo masculino a través de sus víctimas, nos muestra su anormalidad. Pero dados los cambios y revoluciones mentales, los fenómenos sociales y la crisis de género, ¿estaremos ante el inicio de una era de mayor violencia, donde las mujeres son más 'activas' en la construcción de crímenes?

Lo que nos faltaba, la evolución del amor lastimado. Allá afuera hay quienes meditan, estudian hasta dónde eres capaz de llegar y elucubran. Un día, cuando ratifican el engaño o el poco valor que les das, llevan a cabo el plan. Otras, en una combinación de angustia, sorpresa, ira, desilusión, estrés prolongado y en ocasiones un estado alterado se convierten en homicidas. Imposibles de precaver. Bien enunció el escritor alemán F. Heumer, "el amor tiene un poderoso hermano: el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte". Cuando una relación saca lo peor de nosotros, la pasión nos sobrepasa al grado de convertimos en peligro, no podemos intuir que merecemos amar o ser amados de ese modo "El amor es encontrar la paz en el corazón del otro ..." No en sus entrañas ensangrentadas y expuestas.

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