viernes, 11 de enero de 2013

La música digital y su porvenir

Hace mucho tiempo, lo que amenizaba las tardes cuándo aún se estaba en la oficina era la radio. Ahora, basta conseguir unos altavoces para ipod y la música que más nos gusta, seleccionada cuidadosamente ameniza nuestras muy ocupadas jornadas.

Para todos aquellos melómanos que tuvieron la fortuna de vivir en la desenfrenada y prolífica era de Napster versión 1.0, esos días de principios del siglo XXI serán dignos de contarse como historias de grandeza de cuando la música era libre. Las conversaciones con sus hijos comenzarán así: "Aunque no lo crean, hubo una época cuando se podía bajar música de la red de forma gratuita y era legal." Los menores no lo creerán, y los viejos tendrán que vivir con la añoranza de ese tiempo de emancipación musical digitalizada.

Cada día se abren pocos y desaparecen servicios digitales de venta de música. La tienda donde se inició todo, iTunes, reporta venta de decenas de millones desde que abrió en 2003. Los de Microsoft no les pueden dar batallas y las demás compañías buscan maneras diferentes de hacer que sus clientes les compren una que otra canción, otros sin embargo, se conforman con regalarlas como bono en la compra de unas papas fritas. ¿Es éste el futuro de la música?

La gente está más que dispuesta a pagar por la música que consume en línea; además de que es legal, promueve que los artistas tengan que producir mejores discos. Ya nadie va a comprar un álbum por una sola canción. A juzgar por la reacción de los compradores, esta tendencia continuará por mucho tiempo. El cambio generacional es evidente. Por años, la industria de la música impuso las preferencias en cuanto al formato (vinilo, casete, CD); ahora los consumidores son los que marcan su predilección hacia los formatos digitales y uno que otro loco como yo aún sigue consiguiendo los discos de acetato.

La moda que impuso Napster en 1999 amenazó los estándares de las discográficas, ya que lo que en un principio se consideraba como "un fenómeno temporal que pasará", en palabras de Hilary Rosen, en su momento presidenta de la Recording Industry Association of America (RIAA, por sus siglas en inglés), se transformó en una manifestación cultural que atrapó a más de sesenta millones de personas. El resultado: posibles pérdidas para la industria disquera por más de tres mil millones de dólares. Estas gigantes discográficas han tenido que buscar alianzas para no quedarse atrás y poder competir: al finalizar 2003, Sony Music compró a BMG para contrarrestar a Universal Music, el sello musical más grande del mundo, ante la creciente amenaza de la piratería y el Internet. EMI perdió la oportunidad de tratar de igualar a las otras grandes cuando optó por no comprar Warner Music. Ahora las cinco han firmado acuerdos con los distribuidores más importantes de música en línea para ofrecer su catálogo en la red. Sin embargo, no todo está perdido para los discos. En algunos países las ventas de CD alcanzaron nuevos valores altos e históricos, el negocio de la música aumentó 7.6% gracias a la baja del precio del producto.

La oferta musical de las grandes compañías se reduce cada día, y las alternativas, como las disqueras independientes, están a la alza. Según cifras de la BBC, este tipo de discográficas representa 25% del mercado, y la red adquiere cada vez mayor peso. En su mejor momento, Napster llegó a tener un catálogo de más de mil millones de canciones, desde versiones clandestinas en vivo de Led Zeppelin hasta temas de George Gershwin cantados por Kiri Tekanawa. De acuerdo con Adam Cohen, en su artículo Napster the Revolution publicado en la revista Time, "las disqueras pensaron que bajar de la red era una fase por la que atravesaban algunos adolescentes, y que terminaría por pasar de moda. No fue así". De acuerdo con un estudio realizado por Pew Internet and American Life Project, la mitad de la gente que adquiere canciones en la red tiene más de treinta años. De hecho, una investigación de la empresa británica Music Programming encontró que 87% de los usuarios de servicios de música en línea es comprador de discos: "Accesar a temas en Internet es como una prueba antes de comprar, no es necesariamente un sustituto de la adquisición”.

En un mercado que genera 13 mil millones de dólares sólo en Estados Unidos, y otros 17 mil millones en el resto del mundo, es posible que la alternativa digital sea en el futuro la única forma de consumo, y cambie la marea dictada por los discos compactos a su favor, y podría provocar que los CD recorran el mismo camino que el vinilo hacia la caja de los recuerdos. Aún es temprano.

Apple nos hace esperar con ansia la salida de cada versión de iPod y de su iTunes, anunciando la gran mayoría de los productos de audio, libros y videos que se pueden adquirir. Si la tendencia de compra sigue igual, 6 de cada 10 reproductores de mp3 en el orbe tendrán el logo de la manzana mordida… si no es que más.; nada comparado con los aún mil 500 millones de reproductores de CD que existen. Se siguen vendiendo 600 millones de quemadores de discos, así que en definitiva, el disco compacto seguirá como el rey de la música por un poco más de tiempo. La gente buscará este medio por su durabilidad y por la posesión material que representa.

Las personas que tienen algo que aprecian mucho, como las fotos de su familia, o una canción de su grupo favorito, lo querrán poner en algún objeto físico que les durará por años. Sin embargo, no todos comparten esta opinión. Según un estudio de Eric Scheirer, otrora miembro del Media LA del MIT e investigador de tecnología musical, a partir del 2008 los reproductores de MP3 han estado matando los formatos análogos. En los próximos ro años veremos una explosión (le estaciones (le radio, de equipo y servicios para distribuir y comprar canciones por Internet. El mp3 conducirá a componer más música, más artistas y más ventas.

Milan Kundera recuerda en su libro La ignorancia los escritos del compositor Arnold Schónberg acerca de la proliferación de la radio, analogía que podría haber hecho sobre la difusión de la música en línea, y que trata con desprecio este acto desenfrenado de intercambio armónico, al asumir un punto de vista tan conservador como el que han adoptado las disqueras: "La radio [en este caso el Internet] es un despiadado enemigo que avanza irresistiblemente, y contra la que toda resistencia es vana. La radio nos atiborra de música, sin preguntarse si queremos escucharla, si tenemos la posibilidad de percibirla." El río infinito que se ha formado con los caudales de la música en línea parece ser el presente inmediato y el futuro de la industria.