viernes, 31 de mayo de 2013

88 y contando... y votando

Curiosos son los perros de mi vecino; cuando él no esta son animales tranquilos, apenas se nota su presencia. Sin embargo, en cuanto su dueño ronda por sus cercanías ladran ferozmente a quien sea que pase por frente a su casa, demostrando así dos cosas: que saben cuidar y cuando esta y cuando no esta su dueño (piensenlo). 

La cuestión es que el ladrido impone. 

Al escribir esto nos encontramos a una temperatura de 40 grados; duele y pesa en veda el calor en el ambiente. Tengo que llevar a mi niña a ballet, y aunque no esta muy lejos, las pocas calles que hay que caminar son un martirio. 

Espero en la puerta a que mi hija salga y, despacio, muy despacio aparece de la esquina una figura en un paso lento, una anciana que, prudentemente, e insisto en esa palabra, prudentemente se aleja de la reja en la que le ladran los perros del vecino. 

Se nota que su caminar es fatigoso, tarda una eternidad en recorrer 10 metros, y, cuando pasa frente a mi distingo las gotas gordas de sudor que gotea por la frente. Apenas se cubre los ojos con una mano, a cada paso parece que perderá el equilibrio. No lleva un parasol o al menos una hoja para cubriese del intenso calor. 

No puedo evitar saludarla. 

No la conozco, pero hay un tema infalible en cada conversación que se entabla con un extraño... le hago u a observación sobre el clima. Voltea a verme, muestra su sonrisa chimuela y me pregunta si soy familiar de [dice el nombre de mi tio]. Le digo que así es, y que además así también se llamaba mi abuelo. Se queja del calor y se agarra de la reja para reponerse. Repite el nombre de mi tío y dice que lo conoce desde que era un niño. Se despide y apenas avanza un paso y no puedo resistir verla así. Le ofrezco llevarla a donde sea que vaya. Voltea y me dice que va a una reunión de vecinos para tratar temas del partido, "mi partido" dice, "del PRI". 

Le abro la puerta de mi auto y justo en ese momento sale mi hija ya vestida para su clase. La señora la ve y comenta que es una niña preciosa, me pregunta que si es mía, a lo que contesto que así es. Me dice que es igualita a [dice el nombre de mi mamá] y no puedo estar más sorprendido. No deja que la ayude a subirse, dice que ella puede. 

No tengo aire acondicionado en el auto así que sólo abro todas las ventanas y arranco el vehículo preguntado el sitio de la reunión. Me da la dirección con lujo de detalle y, resulta que es apenas a cuatro calles. Bueno, aunque me hubiera dicho que era del otro lado de la ciudad la hubiera llevado. Manejo despacio para poder charlar. 

Mi hija le pregunta su edad. "Casi 90", le responde. Mi hija le dice que no conoce a nadie de su edad. La anciana le dice que se porte bien y que coma saludablemente. 

Me intriga saber a que va a esa reunión y no me quedo con la duda. Me cuenta que es una reunión para ir a apoyar a su candidato, que no van a pedir sino a dar, que las elecciones son en poco tiempo y no hay tiempo (precisamente) que perder. Me invita a quedarme a la reunión y le explicó que tengo que llevar a la niña a ballet. No insiste pero me indica que estoy cordialmente invitado a ir a la siguiente, que será el lunes próximo. Me dice que es importante votar, y que aborrece que el IFE se lo esté recordando a cada rato... que un ciudadano que ama a su país no necesita que le recuerden cual es su deber. 

Llegamos. 

Comenta su molestia al ver que faltan unos minutos para la hora en que cito a los demás (entonces entiendo que ella es organizador) y se alegra al ver que un pequeño número de personas estaba en la tienda de la esquina tomando un refresco para mitigar el calor y que al verla se acercaron para comenzar. La señora es el centro de esa junta. 

Le digo que me ha dado mucho gusto conocerla, me contesta lo mismo y acto seguido le pregunto su nombre. Me lo dice completo y yo le digo el mío.  Me invita de nuevo y le digo que si, que si iré a la próxima. 

98 años... ¿Cómo ven?   

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