lunes, 28 de octubre de 2013

Los secuestros extraterrestres… entre las leyendas y los fraudes

“Mi captor es un extraterrestre, es de ojos grandes y nariz diminuta”. Así describen su experiencia la mayoría de las personas que aseguran haber sido abducidas por una criatura del espacio exterior. Y como sucede con el fenómeno ovni, se presumen pruebas pero ninguna satisface a los escépticos. ¿Alucinación, sueño, realidad?

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, el vocablo abducción deriva del latín abductio, que significa "separación". El segundo sentido que le asigna el diccionario, en su vigésima segunda edición, lo define como "supuesto secuestro de seres humanos, llevado a cabo por criaturas extraterrestres, con objeto de someterlos a experimentos diversos en el interior de sus naves espaciales." El estudio de estos presuntos secuestros es un fenómeno más o menos nuevo en la ufología, variante de la mitología que se ocupa de los objetos voladores no identificados (ovni).

Se ha construido a partir de los reportes testimoniales de quienes sostienen haber vivido esta clase de experiencias y es resultado de un proceso en distintas etapas. La primera de ellas, ubicada entre 1940 y 1950, se relaciona con informes sobre avistamientos de ovnis y sus ocupantes. La segunda, en los años cincuenta, se caracteriza por recuentos de la supuesta comunicación entre sus tripulantes y los humanos. Fue hasta los años sesenta cuando, en la tercera etapa, se habló finalmente de abducciones y los relatos se multiplicaron. Años después, esas historias se enriquecieron con aspectos inesperados: los experimentos médicos y sexuales que, hipotéticamente, realizan los extraterrestres con los humanos.

Esa transformación de las historias es un signo que provoca desconfianza. Parece como si durante medio siglo, en un afán de sorprender y llamar la atención de quienes creen en asuntos de esta naturaleza, la imaginación popular hubiera ido dotando a los simples avistamientos de aspectos más complejos. La progresión, por otra parte, como ocurre con los relatos de ficción científica, es un espejo de la realidad humana de esos periodos: la Guerra de los mundos en la histórica transmisión (1938) de Orson Welles asustó a una población muy sensible en vísperas de la Segunda Guerra Mundial; en la década de 1950 aparecieron los televisores y otros dispositivos de comunicación; en los años sesenta fue la época de la liberación sexual, la invención de la píldora anticonceptiva y otros hallazgos médicos. ¿No es demasiada coincidencia que la cultura extraterrestre haya seguido ese mismo patrón evolutivo?

EL RELATO BÁSICO

Además de su evolución en el tiempo, los testimonios de estas experiencias varían de persona a persona y de lugar a lugar, siempre con una poderosa carga subjetiva. Sin embargo, haciendo abstracción de esas peculiaridades, siguen un patrón regular. Los abducidos, por lo general, no recuerdan nada de lo que vivieron hasta que algún detalle perturbador (una cicatriz, la imagen borrosa de un quirófano) los hace sospechar que algo extraño les ocurrió. El recuerdo amplio de los hechos llega mediante una regresión hipnótica. Las abducciones siempre ocurren de noche, en las afueras de la ciudad. Con frecuencia, se llevan a cabo en regiones solitarias, carreteras poco transitadas o en campo abierto. Esos escenarios resultan más que sospechosos. Según explicaciones de quienes creen en el fenómeno, los extraterrestres eligen parajes deshabitados para que sus secuestros pasen inadvertidos. Parece más razonable pensar que esa ubicación es un recurso para justificar la ausencia absoluta de testigos o pruebas materiales. Si los extraterrestres tienen poder suficiente para viajar a la Tierra en busca de sujetos experimentales, ¿qué más les daría apoderarse de ellos en un medio urbano, a la luz del día, entre las miradas de millones?

En ese entorno irreal, la víctima percibe, de repente, "una luz cegadora". La luz como subterfugio espectacular es una herencia de los años cincuenta, cuando la iluminación artificial adquirió usos sorprendentes en los anuncios de negocios y los poderosos faros de los automóviles. ¿Para qué necesitaría luces un platillo volador? Un autobús la emplea para iluminar la carretera por donde circula y ver su sistema de señalización. ¿La utiliza el platillo volador para alumbrar el espacio por donde navega y distinguir los anuncios 'Planeta Tierra 1,000,000 km' o 'Use su cinturón de seguridad'? Para detectar humanos bien podría recurrir a otros medios: sensores de movimiento, detectores de calor o hasta sistemas infrarrojos. No los emplea, simplemente, porque en la época que surgieron estas leyendas, dichos recursos no existían en la Tierra.

El modelo de ovni actual ya los incluye. De pronto, la persona secuestrada se encuentra dentro de la nave extraterrestre, en una sala de paredes blancas. Se le desnuda para practicarle un reconocimiento médico. Un conjunto de figuras pequeñas (siempre antropomorfas) de gran cabeza lo coloca en una mesa de exploración. Los misteriosos científicos le toman muestras de sangre, semen, cabellos y piel. Lo más curioso del procedimiento es su asombrosa semejanza con los reconocimientos médicos terrestres: la blancura de los consultorios, la exposición del cuerpo y los análisis de tejidos y humores corporales. Hoy, tras la descripción del genoma humano, se cree que también toman muestras de ADN. La única diferencia es que no exigen el pago de una factura millonaria. Es sospechoso que todos los abducidos sufran estos exámenes. Si el propósito de los extraterrestres es conocer las características biológicas del cuerpo humano, ¿para qué siguen tomando muestras una y otra vez? Pues simplemente para que el relato cobre mayor interés. Al término del examen, les implantan una especie de marcador en la nuca o cuero cabelludo. Como Julio Veme, los autores de estos mitos fueron visionarios precursores de la tecnología: prefiguraron el microchip. Ninguna de las víctimas ha querido facilitar tales implantes para un análisis riguroso.

Y en cuanto a las presuntas prácticas sexuales, no son más que nuevas presentaciones de la pornografía terrícola. Si una de sus variantes es la zoofilia y otra el sexo interracial, ¿por qué no diseñar una que involucre a humanos con seres de otros planetas? Empleando cualquier buscador de Internet para rastrear documentos con los términos 'alíen rapes abduction' veremos desplegarse una lista más bien desagradable de esta clase de fantasías, un discurso chatarra que fusiona el sexo con la ficción científica. ¿Puede realmente excitar a un alienígena?

Al término del proceso o, más bien, al final del cuento, los abducidos son devueltos a su entorno normal donde prosiguen sus actividades regulares. Los extraterrestres son criaturas de bien: no piden rescate y tienen cuidado de no afectar más de la cuenta la vida de sus amables conejillos de Indias (o cerditos de Guinea, como dicen en inglés).

SECUESTROS, UN BUEN NEGOCIO

Budd Hopkins está convencido de que las abducciones son reales y ha dedicado años a su estudio. A fines de la década de 1970, publicó su libro Missing Time, una compilación de casos que realizó mediante encuestas a 6,000 estadounidenses. Según éstas, 1,200 habían sido abducidos. De acuerdo con su visión, el objetivo de los extraterrestres es "obtener material genético para restaurar a su raza agonizante". No deja de ser extraño que lo busquen en una especie, como la humana, que tiene un tiempo de vida corto y está sujeta a un amplísimo catálogo de enfermedades terribles y dolorosas. Posteriormente, su tesis se modificó: cuando en la Tierra se comenzó a trabajar con la ingeniería genética, sostuvo que los alienígenas se proponían crear un híbrido de su especie con la nuestra, las sirenas y los centauros de la posmodernidad. Hopkins se convirtió en toda una personalidad y pronto fue invitado a asistir a los congresos de ufólogos. Se presentaba acompañado de un conjunto de glamorosas abducidas para denunciar que los secuestros eran "una epidemia invisible" y en constante incremento (un crítico burlón sostuvo que el propio Hopkins la estaba propagando). Tras la publicación de su obra y sus presentaciones públicas —que le generaron buenos dividendos— comenzó a recibir cartas de miles de personas que, gracias a él, "recordaban" experiencias semejantes. John Mack, otro compilador de historias de este tipo, recibió 200,000 dólares como anticipo por la publicación de su primera obra dedicada al tema.

Sus casos ofrecen interesantes puntos de reflexión. La mayoría de las abducciones se reporta en Estados Unidos, cuya cultura contemporánea se caracteriza por el desmedido consumo. En ese entorno carente de una tradición cultural sólida, como la que tiene el mundo islámico o los países de la cristiandad (más allá de que sus habitantes sigan siendo creyentes o no), hemos visto diseminarse toda clase de sectas, terapias, escuelas de autoayuda y sistemas de meditación: ideas rápidas tan nutritivas y provechosas como la comida rápida.

LOS PÁRPADOS TE PESAN

La postura escéptica ante estas leyendas urbanas suele irritar a quienes creen en ellas. Sin embargo, nadie ha sido capaz de presentar una prueba objetiva y fehaciente de las abducciones, cuyo conocimiento procede únicamente de reportes personales. Éstos no son una fuente segura de conocimiento científico por varios motivos. En ciertos casos son meros engaños. En otros, pueden ser reportes honestos de un recuerdo. Hoy sabemos que los recuerdos no son del todo confiables. En los últimos años se ha difundido ampliamente el carácter falible de la memoria. Las pruebas más contundentes son padecimientos neurológicos degenerativos, como el mal de Alzheimer, o trastornos psiquiátricos como la amnesia y el estrés postraumático. Quienes los padecen bloquean segmentos perturbadores de sus experiencias pasadas. Se ha descubierto, además, que es posible tener 'falsos recuerdos'. Surgen de diversas formas. Una persona puede visualizar repetidamente una fantasía y, con el paso del tiempo, recordarla como un hecho real. El neuropsiquiatra H. L. Roediger realizó un experimento aleccionador: consistió en mostrar a un grupo de personas una lista con palabras que debían recordar. Mediante preguntas posteriores se les indujo a 'recordar' términos que no aparecían en ella: la mayoría aseguró haberlas visto. Además, está comprobado que la hipnosis es un medio eficaz para implantar recuerdos falsos en las personas. Resulta sospechoso que sea ésta el principal método para recuperar las experiencias de abducciones.

Poco a poco se ha ido construyendo una nueva categoría clínica: el Síndrome del Falso Recuerdo. Se sabe que, en muchos casos, las sesiones de psicoterapia han inducido falsos recuerdos de abuso sexual durante la infancia, dando lugar a genuinas tragedias familiares y causas judiciales. Los otros casos ejemplares para la definición del síndrome son las abducciones extraterrestres y las presuntas reencarnaciones de la New Age con sus viajes astrales y 'Terapias de vidas pasadas'. Habría que mencionar, además, los casos de enfermedades psiquiátricas mayores como el trastorno bipolar y la esquizofrenia: muchos pacientes deliran con conspiraciones satánicas y alienígenas. Se olvidan de ellas cuando reciben la medicación apropiada.

CUESTIÓN DE FE

En su obra The Skeptics Dictionary, Robert Todd Carroll analiza paso a paso el supuesto fenómeno de las abducciones. Su enfoque parte de una observación irrebatible: si no contamos siquiera con evidencias claras de la existencia de vida en otras regiones del universo, ¿cómo sostener la realidad de las visitas y los secuestros? Tras analizar los defectos e inconsistencias del planteamiento, considera que las abducciones son una especie de delirio compartido; como ocurre con las "experiencias cercanas a la muerte" o las vivencias místicas, quienes las reportan creen acceder a realidades que se niegan al resto de nosotros. Todd Carroll ubica el origen de la tradición en fenómenos culturales de distintas épocas que configuraron un arquetipo: mujeres de la antigua Grecia que sostenían haber sufrido el abuso sexual de animales; monjas de la Edad Media que afirmaban haber sido violadas por demonios. En los siglos pasados, agrega, nunca hubo reportes de avistamientos de ovnis o abducciones porque el escaso desarrollo tecnológico en la Tierra nos impedía imaginarlos: era mucho más fácil concebir brujas y escobas que surcaban el aire.

Las abducciones, por tanto, carecen de cualquier fundamento científico y se pulverizan ante un examen crítico que toma apenas unos minutos. No son más que un reflejo de delirios y anhelos humanos que mezclan fantasías y creencias religiosas con novedades cambiantes del desarrollo científico y tecnológico, una serie de leyendas elaboradas con elementos de este planeta, sopa de nuestro propio chocolate (preparado con leche de la Vía Láctea) que se vende como algo inédito y sorprendente. Quienes creen en ellas, están en su derecho de hacerlo como fieles de una de las inverosímiles religiones modernas.

¡Fetos perdidos!

Los encuentros cercanos del Cuarto Tipo, sin duda, son sucesos cargados de una intensidad psicológica y física que terminan por cambiar la vida de quien los experimenta. Una de las secuelas más aterradoras de estos hechos es el Síndrome del Feto o Embrión Perdido o Extraviado, el cual le ocurre, comúnmente, a mujeres con un embarazo de entre seis y 12 semanas.

Tras darse el contacto en la habitación o en otro lugar, las víctimas son llevadas a una especie de quirófano donde serán anestesiadas de alguna forma (manual o telepáticamente) por los abductores. Aunque la mayoría de las plagiadas recuerdan haber sido sometidas a una especie de examen ginecológico, en pocas ocasiones pueden asegurar que se les haya introducido algún instrumento quirúrgico en la vagina. Sin embargo, algunas sí reportan penetraciones con una aguja en el área umbilical, suceso que, aunque permanece como un misterio, se presume que se trata de una minilaparascopia para extraer óvulos.

Hay casos de mujeres que, después de la experiencia, sufren alteraciones menstruales e incluso, casos en los que varias de ellas resultan embarazadas tras la abducción. Posteriormente, dan a luz a bebés de grandes ojos y fuerza extraordinaria, según testimonios registrados. Por supuesto que no hay foto alguna de tan aberrante producto.

Debemos tener presente que los científicos escépticos de este fenómeno consideran que la creencia en el 'feto extraviado' puede ser resultado de una vivencia traumática como una violación o un encuentro adúltero, y cuyas conclusiones postrauma implican reexperimentar el suceso dramático en repetidas ocasiones, llevándolas a negar su responsabilidad o alejarse del mundo externo, como sucede con un supuesto contacto extraterrestre.

ABERRACIONES TERRESTRES

A decir de Horacio Velmont, de la fundación Elron, no hay nada qué hacer cuando se es presa de una abducción extraterrestre, pues no existen métodos espirituales ni tecnológicos que pudiesen impedirlo, "además, los alienígenas tienen el libre albedrío que el 'Absoluto' da a todos los seres, aunque más tarde recogerán lo que siembren", asegura Velmont en www.grupoelron.org. El mercado de las abducciones extraterrestres no ha sido extraño a lo más despiadado y cínico del comercialismo norteamericano. Basta recordar el ridículo gorro que Joaquin Phoenix se confecciona en la película Señales (M. Night Shyamalan, 2002), para evitar ser manipulados por mentes extraterrestres. Pues bien, un individuo llamado Michael Mankin ha puesto a la venta (www.stopabductions.com) un material llamado Velostat (35 dólares el metro) con el cual el comprador puede hacerse un casco, siguiendo las rigurosas instrucciones, que mágicamente evitará que cualquier alien se acerque. En su página, Mankin asegura que el gorro de Velostat bloquea cualquier intento de manipulación telepática o inmovilización alienígena y evita el encuentro, pues "cuando los aliens no pueden comunicarse o controlar a los humanos, deciden no llevárselos". Además, declara que muchas abducciones han sido evitadas por la utilización de este gorro, y sólo tres han fallado porque tenían poco Velostat y la tira de velero que los sostenía era muy pobre, por lo que el alienígena no tuvo problema alguno para quitarlo.

Quien no confíe en el invento de Menkin puede respaldarse con un Seguro de Abducción OVNI, el cual protege al cliente por 10 millones de dólares en caso de ser abducido y, posteriormente, retornado a la Tierra. El seguro incluye cobertura médica, cobertura de sarcasmo, doble indemnización (en caso de que el alienígena insista en visitas conyugales) y Prueba de Abducción y Retorno.

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