miércoles, 26 de febrero de 2014

El arte de tener razón

Confieso que, en estos tiempos que corren, empiezo a observar el clima dialéctico imperante no sólo ya con distante desagrado, también con creciente inquietud.

Por un lado está el ruido; el barullo azuzado y las interferencias (con más frecuencia intencionadas que casuales) que convierten el canal de comunicación en un mero discurso de entropía e información nulas, porque uno ya sabe lo que va a decir cada cual mucho antes incluso de que abran la boca.

Por otra parte está el completo desdén hacia el contenido, pues de cara a la rentabilidad buscada, parece bastar con que las estridentes formas alcancen la suficiente resonancia.

Todo ello recuerda mucho a las retorcidas estratagemas que ya recopiló Schopenhauer hace casi doscientos años en su "Dialéctica erística", un completo recetario para dominar el arte de la vana disputa, en el que lo importante no es tener razón, sino aparentar que se goza de ella, aunque sea de forma ilícita.

Algunas obvias, otras más sutiles, el texto del filósofo recoge hasta 38 prácticas y artificios para subvertir los argumentos del adversario. Diríase que este compendio es la hoja de ruta de algunos de los políticos y proclamadores de la verdad que infestan el panorama actual, como si estuvieran participando en una competición por ver quién cumple y anota más muescas en esta checklist de subterfugios y falacias.

La lectura de este breve manual, de terminología a veces un poco áspera pero de asequible comprensión, es recomendable para todo aquel que, independientemente de su signo u orientación ideológica, no se conforme con el mensaje aparente de los discursos, ni siquiera de aquellos que le resulten más afines.

Invito a los espíritus inconformistas a que contabilicen las ocurrencias de cada una de las estratagemas entre los argumentos habituales de sus políticos, jefes y demás oradores del Speaker's corner. Después uno tendrá que seguir padeciéndolos a todos, pero esta vez quizás con la discreta satisfacción de no haberse dejado engañar por sus trucos y mangas de doble costura.

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