miércoles, 8 de octubre de 2014

Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton

Un clásico desde la perspectiva del genial cineasta.

Entre un terror que lejos de asustar, conmueve, y un mundo fantástico con eventuales tintes de oscuridad. Inusual mezcla que termina por hipnotizamos. Es así como a grandes rasgos podríamos definir lo que provocan los filmes de Tim Burton, todo un trademark no sólo en la industria cinematográfica, sino en la cultura pop contemporánea. La nueva escala en su prolífica trayectoria toma como pretexto la adaptación de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, la obra que hizo famoso al británico Charles Lutwidge Dodgson en 1865, que publicó con el seudónimo de Lewis Carroll. "Desde que se presentó la idea me emocioné por todo lo que significa Alicia y el universo que la atrapa", dice el también escritor y dibujante. "Siempre se trató de un proyecto divertido para hacer una película. Sobre todo porque si bien es una historia clásica con imágenes e ideas icónicas, ninguna de sus versiones cinematográficas me ha impactado. Ninguna me ha provocado algo más que observar una serie de personajes raros como parte de un relato igual de extraño. Y en esos casos Alicia sólo está en medio y no hay algo más que eso", señala quien es todo un alquimista de sensaciones al combinar elementos de fantasía y horror.

"El reto consistió en hacer un filme cuya historia tenga un peso específico, proporcionarle algo que otras versiones no lo han tenido", reflexiona el realizador de Batman, Beetlejuice y The Nightmare Before Christmas, entre muchas otras, que integran una carrera que inició en 1971, cuando adaptó The Island of Doctor Agor, un relato de H.G. Wells que terminó en los dominios de un cortometraje animado que Burton hizo cuando tenía 13 años. De manera simultánea a la carga lúdica de los sueños que envuelven a Alicia, "nuestra idea se basó también en tratar de abordar la psicología de los personajes. Alicia en el país de las maravillas ofrece un mapa poblado con personajes complejos, que no se limitan a tener una apariencia rara. Redescubrir esos aspectos me pareció-formidable, un estupendo pretexto para plasmar de ese modo lo que sucede. Se trata en cierta manera de desentrañar la lógica de cada uno de ellos y las situaciones que atraviesan.



La intención fue mantener intacta la naturaleza de la historia y, al mismo tiempo, aportar lo necesario para refrescarla". Y cuando se habla de actualizar su estética, la tecnología siempre ha sido bien dominada por Burton al evitar embriagarse dentro de sus laberintos. "Trato de mantener un balance. El proceso es raro en estos casos porque el resultado de cada escena puedes verlo mucho tiempo después de haber filmado. Entonces es importante mantener en la mente el equilibrio entre la acción real y los efectos de animación, ambos son muy importantes. Es curioso, además, porque utilizas lo que está disponible en ese momento, dependes de lo que la tecnología te brinde cuando la película se ubique en la etapa de postproducción", dice un cineasta que coloca en el primer plano de su influencia artística lo visual sobre lo literario. "Reconozco la forma como un proceso; las ideas se inclinan por el ángulo de lo que puede observarse. Es algo natural".

El cine como arte y espectáculo, en ese justo medio Burton se convierte en un cómplice con la imaginación del espectador. "Cuando sabemos que podrá verse en 3-D, todas las piezas tienen que embonar a la perfección; en eso también consistió el reto", explica acerca del filme en el que actúan la joven actriz australiana Mia Wasikowska y su viejo amigo Johnny Depp, quien encarna al alucinante Sombrerero. "Trabajar con Johnny siempre es algo nuevo, como si fuera la primera vez, tiene la capacidad de evitar repetirse. Es un profesional que sabe adecuarse a las exigencias del momento", afirma acerca de quien ha sido su colaborador desde hace dos décadas: un total de siete películas desde la mítica Edward Scissorhands. Por otra parte, es normal que al tratarse de una novela por todos conocida, la expectativa se torne en asunto que puede incomodar. "Es relativo, la verdad que sólo tuve en mente lo que me habría gustado ver de Alicia y su mundo, y que no existía", confiesa el director que ha basado una parte de su obra en replantear otras ya existentes (Planet of the Apes, Big Fish, Sleepy Hollowy Charlie and the Chocolate Factory), y tener como leit motiv autoexiliarse de los lugares comunes.

Benjamín Acosta

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