jueves, 19 de marzo de 2015

Celebrar al ritmo de los dioses atrae la lluvia o cura enfermedades

Donde hay gente, hay danza. Para muchas personas "civilizadas", bailar no es más que una diversión. Pero, lejos de salones de baile y discotecas, en muchas sociedades las danzas rituales aún marcan etapas de la vida y sirven para comunicarse con los dioses.

Algunos pueblos danzan para lograr buenas cosechas y cacerías o lluvia en sus secas tierras, o para vencer a enfermedades o enemigos. Estas danzas son una forma de rezo y tienen poderes mágicos.

Son típicas las danzas en que se imitan animales. Por ejemplo, para distraer al espíritu del canguro antes de cazarlo, y apaciguarlo luego, los jóvenes de la tribu de aborígenes australianos kemmirai dan saltos, se pintan y ponen las manos en el pecho, como el animal que están a punto de matar. Y los indios tewa en Nuevo México danzan, galopan y se detienen, tiemblan y sacuden la cabeza por miedo, como el venado al que cazan.

Despertar de los elementos

Los indios de las praderas centrales de EUA evocan a la lluvia: los sioux llenan una olla con agua y bailan a su alrededor cuatro veces antes de tirarse al suelo y beber el líquido. Algunas danzas ayudan a la supervivencia de individuos o aun de tribus. Los inuit y los indios del Amazonas tienen chamanes, que danzan hasta el éxtasis para entrar en el mundo espiritual y recuperar el alma de alguien que está enfermo. La tarea de los "bailarines del diablo" en Sri Lanka también es exorcizar espíritus malignos, al tiempo que los iroqueses del estado de Nueva York tienen un singular buen humor para procurar la curación: primero el chamán decide cuál es la causa de la enfermedad, que muchas veces es el espíritu de un animal, y después receta una danza ritual para aplacar al espíritu ofendido. Los bailarines imitan al animal, e incluso devoran el alimento favorito de éste; la danza termina cuando todos animan ruidosamente al paciente.

En tales sociedades, las danzas marcan las etapas de la vida: nacimiento, pubertad, matrimonio y muerte van acompañados de bailes. Lo impresionante de éstos para un occidental es que raras veces bailan parejas de hombre y mujer. Además, no cambian los pasos y gestos tradicionales. Tan estricto puede ser el código, según se dice, que los ancianos de la isla Gaua, en las Nuevas Hébridas, vigilan a los danzantes, listos para lanzar una flecha al desafortunado que cometa un error.

En Italia, entre los siglos XIV y XVIII, surgió la creencia de que la música "salvaje" podía contrarrestar los efectos del venenoso piquete de las tarántulas. Reducidas a un estado de letargo, la única esperanza de las víctimas para curarse era bailar y sacudirse el embotamiento. En la actualidad, esa música se conoce corno una danza italiana típica: la tarantela.

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