jueves, 19 de marzo de 2015

El hombre da una mano... hacia la sobrevivencia o la extinción

En otros tiempos, los habitantes del este de EUA disfrutaban anualmente la migración de parvadas de palomas silvestres tan numerosas que tardaban días enteros en desaparecer del horizonte. Pero a fines del siglo XIX el ave fue objeto de una despiadada cacería; la gente incluso balaceaba los nidos para alimentar a los cerdos con los polluelos. Para 1914, la especie se había extinguido.

Desde 1600, el hombre ha causado la extinción de al menos 50 especies de mamíferos y más de 100 de aves. Hoy se considera en peligro de extinción a 4,500 especies animales. De éstas, 555 mamíferos y 1,073 aves equivalen a la octava parte del total de especies de ambos grupos.

Pérdida de hábitats

En el pasado, la principal causa de extinción era la caza para comer, obtener pieles y plumas o por deporte; pero en la actualidad lo es la desaparición de hábitats. Muchas especies sólo sobrevivirán en zoológicos o cotos vedados.

Sin embargo, se han rescatado algunas especies en peligro. Por ejemplo, en la década de 1960 el herrerillo capuchino de las Seychelles era una de las aves más raras del mundo. Sólo quedaban 30 ejemplares, todos en la isla Cousin. Entonces, los ecologistas arrancaron muchos cocoteros plantados por colonos, que se habían apoderado del monte bajo, su hábitat natural. A fines de la década pasada había más de 400 ejemplares. Para mayor seguridad introdujeron la especie, con éxito, en la vecina isla Anide.

Pero pocas veces se puede dedicar tanta atención a una especie. Otras están en peligro por intereses económicos mucho mayores que el cultivo de cocoteros, y se tienen muy pocos medios para contrarrestarlos. En África, el sino de los rinocerontes negros depende del alto precio de su cuerno, que se convierte en mangos de puñal o se emplea en medicinas orientales. En los últimos 20 años se han reducido de 65,000 a menos de 3,000 ejemplares, y muchas poblaciones locales han desaparecido por completo. En Namibia, los guardas de coto han adoptado un remedio de lo más desesperado: serrarles el cuerno con la esperanza de salvarlos de la escopeta de cazadores furtivos... y de la extinción.

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