martes, 24 de marzo de 2015

Historia de dos cerebros (El de él... y el de ella)

Pocas cosas desesperan tanto a una mujer como ver a un hombre, prácticamente en estado vegetativo, armado con control remoto frente al televisor haciendo zapping sin detenerse en ningún canal en especial.

Para ellas resulta ser algo intrigante; y no comprenden como la mente puede estar alojada en un lugar a kilómetros de distancia del cuerpo. Sabemos que hombres y mujeres no somos iguales. Pensamos diferente y reaccionamos a la vida de distinta manera. El cerebro del hombre, dice Gungor, está formado por cajas, muchas cajas. Una es la caja del dinero, otra para el coche, la caja de mamá, la e los amigos, la del negocio, otra especial para la suegra, en fin.

Cuando un hombre quiere ver o discutir un asunto, saca la caja requerida; la abre, la consulta, argumenta únicamente sobre esa caja, la vuelve a cerrar y la coloca de nuevo en su lugar. La única regla en la mente del hombre es que las cajas no se toquen entre sí. El cerebro de la mujer, por el contrario, está formado por una red de cables, entrelazados y todos conectados entre sí: su trabajo, su mamá, sus hijos, su tiempo libre, su marido, y demás. Así que durante un día de actividad normal, por todos lados se prenden foquitos que viajan interminablemente de un lado al otro, haciendo conexiones y ruidos de todas clases.

Todo esto es propulsado por una energía que se llama “emoción”. Si tienes alguna experiencia en la vida y quieres que se grabe para siempre, caliéntala con una emoción. Y como las mujeres le ponen emociones a todo, por eso y para pesar de los hombres, tienden a recordarlo todo.

A los hombres no nos ocurre esto frecuentemente, con excepción del fútbol y las herramientas, ya que pro lo general los demás asuntos no nos importan en lo absoluto. Lo interesante en este concepto de las cajas, es saber que en la mente del hombre hay una caja muy especial, la cual tal vez sea la favorita de muchos, ¿Por qué? Porque no hay ¡NADA! Está vacía… Si tenemos una oportunidad, recurrimos de inmediato a nuestra caja vacía. Es la caja que nos llevamos al ir a pescar, al ver los deportes por la televisión, al escuchar música...

Es la manera en que nos desconectamos del mundo. Las mujeres siempre están pendientes de algo, y no entienden como se puede tener una caja vacía. Es más, esa caja está tan vacía que no cabe ni siquiera algo que tenga que ver con las mujeres.

La caja vacía y el estrés

¿Qué creen que hacemos los hombres cuando estamos bajo estrés? Pues buscamos inmediatamente la caja vacía, y lo menos que queremos es hablar con alguien. Y es justo en ese momento, cuando una mujer se acerca y nos pregunta ¿En qué piensas? Lo cual odiamos al no saber qué contestar; la respuesta más habitual es un simple: "En nada" y soltamos un suspiro que indica que queremos que nos dejen regresar a nuestro limbo. La mujer, en cambio, cuando está agobiada tiene que hablar, sacar el estrés de su sistema, de lo contrario su cerebro explotará. Los hombres al escuchar la avalancha de palabras, preferimos huir, porque no importa qué contestemos... siempre será la respuesta errónea y eso derivará en problemas (Ojo, no la trates de ayudar porque te puede matar).

Ella no quiere consejos, sólo quiere que la escuches. Así que por favor, cuando veas que alguien se refugia en su caja vacía, hay que dejarlo solo y esperar con paciencia, a que regrese…
Imagen: El regreso de la guerra, Marte desarmado por Venus.

Historia de dos cerebros (El de él... y el de ella)
Historia de dos cerebros (El de él... y el de ella)

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