jueves, 19 de marzo de 2015

Los científicos investigan a la madre de la humanidad

Tal como se asienta en el libro del Génesis, los seres humanos bien pueden descender de una sola mujer ancestral. Ésa es la conclusión de un grupo de genetistas de la Universidad de California en Berkeley. Ellos dicen, empero, que la madre de la humanidad no era la única mujer existente sobre la Tierra en esa época. Pero es de ella de quien desciende la especie Homo sapiens.

La clave está en el ADN, uno de los complejos ácidos del núcleo de las células de todo ser vivo. El ADN regula los cromosomas que, se piensa, determinan las cualidades físicas que heredamos. Al dividirse las células reproductoras para producir óvulos y esperma, la mitad del ADN de cada progenitor se pierde y la otra mitad se combina de nuevo en un solo bloque de cromosomas. Esto explica las variaciones físicas normales entre generaciones. Pero a veces un error de copiado —una mutación— da origen a una característica nueva en la familia.

Una línea materna pura

No sólo el núcleo de una célula contiene ADN. Las mitocondrias, pequeños cuerpos que nadan libremente y que controlan aspectos de nuestro metabolismo (medio por el cual el alimento se convierte en energía y tejido vivo), se heredan a través de su propio ADN, aparte de los cromosomas del núcleo. Para los investigadores de Berkeley, el hecho decisivo fue que las mitocondrias se heredan únicamente de la madre: durante la reproducción no se mezclan con las mitocondrias masculinas. Por lo tanto, las mitocondrias de una criatura serán idénticas a las maternas, salvo que haya una mutación al azar en el ADN.

Se clasificaron las diferencias conocidas en el ADN de mitocondrias de cinco grupos raciales y geográficos de África, Asia, Europa, Australia y Nueva Guinea. Tras rastrear las mutaciones comunes a dos o más grupos y las de uno solo, se trazó un árbol del hombre moderno. Los bioquímicos tienen una idea aproximada de la frecuencia de las mutaciones, y así pueden estimar dónde y cuándo ocurren. El árbol los remitió a una mujer que vivió en África entre 140,000 y 290,000 años atrás: una desconocida Eva africana.

El laberinto de la herencia La doble estructura helicoidal del ADN permite la duplicación de instrucciones codificadas al dividirse el núcleo de cada célula. El código está contenido en la secuencia de las cuatro sustancias químicas que forman los "travesaños" de la espiral del ADN.

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