martes, 24 de marzo de 2015

¿Por qué oímos mejor cuando cerramos los ojos?

Esta pregunta es en parte verdad y en parte no, según lo que estemos escuchando. Si una pieza de música requiere toda nuestra atención y exige, para que disfrutemos de su encanto, que podamos coordinar en nuestra mente lo que acabamos de oír con lo que estamos escuchando y con lo que esperamos oír momentos después, entonces cuantas menos cosas esté haciendo nuestra mente en esos momentos, tanto mejor. Es indudable que disfrutaremos más de la música con los ojos cerrados que con ellos abiertos o con la vista errante, sin fijarla en nada, porque entonces le prestamos mayor atención.

La única excepción es cuando escuchamos la música y leemos la partitura al mismo tiempo. En este caso, la forma de las frases y demás circunstancias que ve el ojo ayudan al oído a entenderlas y disfrutar mejor de lo que oye. Pero no ocurre lo mismo cuando estamos escuchando una aburrida conferencia, en una tarde bochornosa, pues en estas circunstancias, si cerramos los ojos, lo más probable será que no oigamos absolutamente nada. Para oír, el cerebro debe hallarse más o menos despierto, y en las circunstancias descritas, la luz que penetra en los ojos le ayuda a conservarse despierto.

Si realizamos experimentos con luces muy brillantes y sonidos muy agudos, observaremos que ambos se ayudan mutuamente y obtendremos una percepción de cada uno de ellos de mayor intensidad, con tal de que las luces y los sonidos actúen todos al mismo tiempo.

¿Por qué oímos mejor cuando cerramos los ojos?
¿Por qué oímos mejor cuando cerramos los ojos?

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