jueves, 19 de marzo de 2015

¿Pueden los sueños anunciar el futuro?

Casi todos hemos oído hablar de algún sueño profético: la abuela que soñó que un rayo partiría en dos al roble, tal como luego ocurrió; o Fulano, que soñó que en el hipódromo ganaría Arabella, y ésta ganó. Al oír estas historias, los escépticos se preguntan por qué muchos sueños proféticos resultan fallidos.

Pero no todos los grandes pensadores han sido escépticos al respecto, como es el caso de Carl Jung, nada menos, quien estaba convencido de que en ocasiones los sueños predecían sucesos. En su libro Memorias, sueños, reflexiones narra cómo cierta vez soñó que un gélido viento ártico asolaba los campos de Europa y los cubría de hielo; toda la región quedaba deshabitada y sin vegetación. Aquello fue en junio de 1914: dos meses antes del inicio de la Primera Guerra Mundial.

El investigador Richard M. Coleman predijo cierta vez, en sueños, el resultado de un partido deportivo: la anotación exacta, el jugador y la jugada con que ganó. Coleman lo explica de acuerdo con la ley de probabilidades: dada la cantidad de aficionados interesadísimos en aquel próximo partido, dada la cantidad de minutos oníricos que éste suscitaba, dado el número de jugadores de cada equipo, y dada la combinación de posibles anotaciones... ¡era probable que alguien acertara a soñar el resultado!

Otros teóricos podrían decir que, sencillamente, el cerebro de Coleman había armado en sueños todos sus conocimientos acerca del deporte y de los jugadores, y había cargado los dados en favor de un equipo. Algo similar podría decirse del sueño de Jung: por leer los periódicos, sabía cuán explosiva era la coyuntura política, y por eso tuvo un sueño de ansiedad acerca de una posible guerra.

Lo cierto es que a veces los sueños anuncian sucesos que luego se cumplen (pero no es menos cierto que, otras veces, lo que anuncian no se cumple jamás). Es probable que el porqué continúe siendo un misterio durante algún tiempo.

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