jueves, 16 de abril de 2015

El interminable gusto por Star Trek

Los años sesenta fueron la primera época dorada de la televisión nacional e internacional porque se consolidaron técnicas y lenguajes audiovisuales del quehacer televisivo, la tecnología de dos satélites aceleró el intercambio de programas y se crearon títulos memorables. ¿Cuál de todos los programas que se hicieron en aquel entonces debe ser considerado el más importante? Viaje a las estrellas (Star Trek). ¿Por qué? Por una larga lista de razones que va desde su increíble impacto a escala mundial hasta su vigencia. A pesar de que la primera temporada se estrenó en 1966, este concepto todavía cautiva y ha sido el origen de una larga lista de películas y productos paralelos.

¿Cuál era la historia? 

Las aventuras de la tripulación de una nave espacial del futuro llamada Enterprise. ¿Qué tenía eso de espectacular? En 1966 la realidad era muy distinta a como es ahora. Había grandes revueltas sociales y la guerra de Vietnam era el eje sobre el cual giraba la vida en Estados Unidos. Había racismo, sexismo, hippies, guerra fría y pobreza tecnológica. No había computadoras, iPods, Videograbadoras... el hombre no había llegado a la Luna y ni siquiera se habían hecho películas como 2001: odisea del espacio. Presentarle al público familiar de aquella época un programa como Viaje a las estrellas era lo más revolucionario, alucinante, contestatario y admirable del mundo. Y es que, en contraste con la mayoría de las series de acción o programas de comedia de los años sesenta, que estaban cargados de una fuerte ideología estadounidense, Star Trek era la rebeldía hecha televisión.

En ese momento, en EU se miraba con malos ojos a los soviéticos. El encargado de la seguridad de la Enterprise en la serie era Chekov, un ruso. Los orientales estaban de capa caída por Vietnam y los fantasmas de varias guerras. El piloto de la nave era Sulu, un asiático. Por si esto fuera poco, en aquella década los negros se la pasaban muy mal en Estados Unidos. La encargada de las comunicaciones de la Enterprise no sólo era la negra Uhura, además, era mujer. Y ni hablemos de Spock, un extraterrestre que encarnaba las complejidades de lo diferente Viaje a las estrellas se adelantó más de 40 años a los ejercicios de diversidad sexual y racial que se usan en los medios de comunicación en el siglo XXI. Pero sus adelantos no se limitaron a eso. Este programa visualizó computadoras touch screen, puertas automáticas, tomografías y un sinfín de accesorios inimaginables.

No por nadada teleserie marcó a varias generaciones que siguen admirando sus temporadas y a Gene Roddenberry, su creador, por encima de cualquier cosa. Las aportaciones de Roddenberry han sido tan importantes para la historia de la televisión y la humanidad en general, que sus restos fueron las primeras cenizas de un ser humano en ser lanzadas al espacio exterior a manera de homenaje en 1991. En los años sesenta se produjeron muchos programas de TV, pero el más importante de todos es Star Trek.

 ¿Hay alguien que lo niegue?

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