domingo, 27 de septiembre de 2015

Contaminando el futuro

Tras lustros de devastación forestal, contaminación del agua y del aire e imparables luchas mediáticas, el gobierno norteamericano ha cedido por fin a los constantes ataques de la prensa internacional y hace unos días envió al congreso un paquete de medidas extraordinarias que intentan resolver el grave problema del deterioro del medio ambiente.

Ante la imposibilidad de enterrar, quemar o reciclar los miles de millones de toneladas de basura que produce cada día este país, el más contaminante de la tierra, los responsables han acudido a un consejo de los más ilustres científicos para hallar una solución, y la respuesta del comité ha sido tan imaginativa como sorprendente.

Pero dejemos que sea el Dr. Will Crush Mihead, jefe del equipo de sabios, quien nos explique la propuesta con sus propias palabras:

─Hemos analizado cada una de las posibles alternativas y, tras meses de discusión, parece que hemos hallado la respuesta.

─¿Podría ser más específico, profesor? ─preguntó uno de los reporteros que llenaban la sala de prensa.

El sabio, un individuo bajito y de mirada arisca, asintió con su cabeza casi calva, se encajó los bifocales en el entrecejo y respondió:

─Han de saber que se trata de un problema enorme. Ya no hay espacio suficiente en el mundo para la basura que se genera día a día. Carecemos de la tecnología necesaria para procesarla y los tiraderos que teníamos en los países subdesarrollados están al límite de su capacidad. Por eso, hemos decidido confiar el problema a las generaciones futuras.

─¿A qué se refiere con eso, profesor? ─pregunté.

El Dr. Crush sonrió brevemente y entrecerró los ojos:

─Pues lo que ha escuchado, joven: En vista de que la única forma de viajar en el tiempo es hacia el futuro, hemos decidido enviar toda la basura a cien años de distancia de nosotros… ellos sabrán qué hacer con ella.

Dicho esto, el Dr. Crush inclinó levemente el tronco y abandonó la sala de prensa, que de pronto se llenó de gritos, exclamaciones airadas y rostros incrédulos.

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