sábado, 3 de octubre de 2015

Así es la muerte

Un cazador dispara con su escopeta en un bosque, la víctima cae y él se precipita para cogerla. Su zapato tropieza con un hormiguero de dos pies de alto, destruye la vivienda de las hormigas, lanza hacia lo lejos hormigas y huevos... Ni siquiera las más filósofas de las hormigas podrán comprender jamás lo que era aquel cuerpo inmenso, negro, espantoso: la bota del cazador que, de repente, ha penetrado en su casa con increíble rapidez, precedida de un gran estruendo, acompañado de gavillas de fuego rojizo...

Así es la muerte, así la eternidad... Son cosas muy sencillas para quien tenga un alma bastante grande para concebirlas...

Stendhal, Rojo y negro

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