martes, 24 de noviembre de 2015

¿Puede el amor ser eterno?

¿Cómo mantener una relación de pareja a largo plazo


Observa sus sonrisa detrás del cristal. Ambos enmascarados en madera sobre la esquina del buró. Aunque ahí está la prueba de que sus brazos alguna vez estuvieron alrededor de ti, hace ya un tiempo que desapareció todo gesto de cariño entre ustedes. Las frases amorosas fueron reemplazadas por gritos y reclamos, por lo que ahora ninguno de los dos se parece a la imagen que fue inmortalizada en ese rectángulo de celulosa. ¿Dónde quedó el amor? ¿Hay manera de recuperarlo o lo mejor es separarse? No temas, aún no es momento de sacar tu colección de películas dramáticas, reabastecer tu refri con helado de chocolate o comprar 10 cajas de pañuelos desechables. Si hay esperanzas para reenamorarse, volver a estampar un beso en sus labios y que en el cielo aparezca una leyenda que diga: “Y vivieron felices para siempre”. 

Cuentan los griegos que, en otro tiempo, la naturaleza humana era muy diferente de los que es hoy. Se dice que alguna vez existieron los andróginos, seres que nacieron de la Luna y reunían el sexo femenino y masculino a la vez. Se movían con ligereza - gracias a sus cuatro piernas y cuatro manos - y por su vigor y corazón animoso concibieron el atrevimiento de intentar escalar el cielo. Por eso Zeus, para debilitarlos, decidió partirlos en dos y enviar a Apolo a curar sus heridas. Sin embargo - hecha la división - cada mitad buscó a su contraparte sin cesar de modo que, al reencontrarse, se abrazaron con tal ardor que perecieron de hambre e inacción. Según Platón, en El banquete, la muerte fue preferible a volver a estar en la una sin la otra. 

AMOR Y CIENCIA


“Enamorarse y ser amado de vuelta representa la máxima experiencia en la existencia human. Es lo que todos quieren: convertirse en el objeto de deseo de quien se ama”, dice Fran Praver en su libro The New Science of Love. Por eso la pérdida del amor hiere la individualidad de los integrantes de una pareja y los lleva a experimentar una caída de la que podría parecer imposible levantarse. ¿ Por qué entonces, termina el amor? ¿Acaso el “amor eterno” es una mentira que las telenovelas han fabricados para que los humanos fantaseen con un imposible por el resto de sus vidas? La ciencia diría que no, que una relación “eterna” sí se puede alcanzar y que algunas de las herramientas indispensables para lograrlo están en tu cerebro.

El amor no depende del corazón, sino del centro nervioso que está al mando de los cuerpos de todo par de tórtolos. Resulta que el cerebro humano posee unas células llamadas neuronas espejo, que se activan por diversos estímulos para enlazar los mundos internos de dos individuos y - simultáneamente - conectarse a su propio sistema cerebral multifuncional. Específicamente, estos sistemas cerebrales inciden en la memoria, sentimientos, intenciones y percepción. De ahí su importancia en nuestras vidas amorosas: de su actividad depende que el cerebro libere - o no - los químicos responsables del enamoramiento. Por eso, dice Praver, a ellos también está sujeta la posibilidad de traer el amor de vuelta.

Aunque una relación amorosa depende de ambos, basta con que uno desee mejorar la relación para iniciar un proceso de sanación. Y todo gracias a que el cerebro humano permite lo que se conoce como “plasticidad neural”: posibilita que las neuronas espejo cambien y, si la persona modifica una conducta o una sensación, el cerebro también lo hace y esa transformación se refleja en la pareja. Lo mismo sucede con la amígdala, órgano responsable de las emociones que alojan las respuestas a los eventos traumáticos y dolorosos. Es decir, los recuerdos nocivos e hirientes no son indelebles, sino que pueden ser moderados para lograr que una pareja adquiera nuevas experiencias que resignifiquen su vida en común.

ARRIBA EL ROMANCE


“Amor” no es sinónimo de “romance” y, en una relación amorosa, no todo es química cerebral. Cuando el movimiento romántico surgió, en el siglo XVIII, provocó una revolución tanto en la conciencia como en las artes. Fue un retorno a la pasión, a la tragedia y ahí están la poesía de Novalis para probarlo. Sin embargo, de manera cotidiana, el término “romanticismo” alude a un estado sentimental particular y a un modo de relaciones entre personas. Su significado está asociado al “sentimiento de que la vida vale la pena y de que eventos importantes ocurren gracias a él. Aún así, por la inestabilidad inherente del romance, la tragedia es usualmente su contraparte que, con su expresión de pasión y culpa forma la quintaesencia de la narrativa romántica”, dice Stephen Mitchell en el libro Can Love Last? Es decir, a pesar de sus virtudes evidentes, todo romance se encuentra condenado a tambalearse.

El romance otorga un significado particular a la vida de aquellos que lo buscan. Cautiva, emociona y se apodera de quien lo experimenta. Sin embargo, también es sencillo pensar que está destinado al fracaso: al desvanecerse, “se degrada hasta convertirse en algo mucho menos cautivador y animoso como respeto y sobriedad, pura diversión sexual, compañia, odio, culpa o autocompasión”, dice Mitchell. Las razones varían. Por un lado, éste prospera gracias a la novedad, al misterio y al peligro. Dado que está inspirado en la idealización - y ésta es ilusoria - crece con base en una fantasía en la que no hay cabida para la desilusión. Y, por lo mismo, está condenado a dispersarse a consecuencia del paso del tiempo, la familiaridad y una o dos cubetadas de realidad.

El romance es paradójico. Conduce a todo “romántico” a desear permanencia y certeza. Sim embargo, si la seguridad o continuidad se tornan demasiado a pecho, corren el riesgo de destruir la libertad y es la espontaneidad que en algún momento fueron la base de la pasión original. ¿Complicado? Mucho. Lo que Mitchell sugiere es una renovación constante. En su libro equipara el romance a un “castillo de arena para dos”: es una precondición para el amor, pero no puede ser domicilio fijo. Su naturaleza exige una renovación contínua. Por eso no puede cultivarse solo con pasión o estabilidad. Por el contrario, requiere de una combinación de ambas y de dos personas fascinadas por las maneras en la cuales - como individuos y como pareja - generan diversos modos de vida con los que siempre se pueda contar. Requiere tolerancia a la fragilidad y una interminable oscilación entre la fantasía y la realidad.

El mito griego del andrógino sirve para recordar que, desde los orígenes del hombre, éste siempre ha protagonizado un viaje - en ocasiones desgarrador - que le permita halar una mitad que lo colme de satisfacción. Encontrar el amor, entonces, sería el restablecimiento de una perfección a la que no se puede aspirar en lo individual. “Cada uno de nosotros no es más que la mitad de hombre que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos”, escribió  Platón. Por eso, aunque la relación ideal depende del flujo adecuado de químicos cerebrales y de un balance entre sorpresa y estabilidad, quienes bien en seguir el ejemplo de los andróginos: quizás a largo plazo la búsqueda valdrá la pena y algún día encontrarán esa fracción faltante que, en un abrazo infinito - que derive en vida y no en asfixia o muerte-, lo que llevará a experimentar un ardor que asegure que, por fin, han alcanzado la más perfecta completitud.

ESPEJITO, ESPEJITO


¿Qué son las neuronas espejo?


El cerebro - y no el corazón - es el órgano responsable de tu vida amorosa. Dentro de éste hay unas células pequeñas que pueden conectar los mundos internos de dos individuos: las neuronas espejo. Dado que se encuentran asociadas a las funciones de memoria, sentimientos, empatía comunicación no verbal, intención, sensación o percepción, su activación dispara conexiones y asociaciones que pueden provocar el surgimiento, evolución, muerte y retorno del amor entre dos personas. 

¿Cómo funcionan?


  • Se localizan en el lóbulo frontal, en la corteza premotora del cerebro.
  • Crean lazos de empatía, sintonía emocional y reciprocidad. Enlazan inconscientemente a un par de enamorados. 
  • El tipo de sintonía que crea es el más satisfactorio que conoce el hombre, por eso desea que sea eterno.
  • Reflejan o crean una imagen de espejo de la conducta, emociones y sensciones de alguien. Por eso una persona puede relacionarse con esa imagen como si fuera propia.
  • Funcionan de dos maneras simultáneas. Se activan por la conducta de otra persona y permiten la imitación de una acción ajena: llevan a un observador a repetir las acciones ejecutadas por un observado.
  • Asimismo, disparan eventos internos (recuerdos o traumas pasados) y comunicación no verbal.
  • Cuando se establece una relación íntima, cada miembro refleja acciones y sentimientos de atracción, romance, amor, lealtad. Eso lleva a que las neuronas espejo liberen químicos cerebrales que inducen el amor.
  • Cuando la relación cambia puede deberse a que el núcleo de las memorias felices - que activan a las neuronas - no logra mantenerse vivo.
  • Su cualidad más notable tiene un inconveniente: el daño y el dolor disparan su funcionamiento tal y como lo hacen las sensaciones positivas. Por eso pueden recordar dolores viejos, iluminar asociaciones tristes y conectar emocionalmente con escenarios difíciles e infelices.
  • Cuando los químicos cerebrales que inducen el amor dejan de fluir y el romance está “en las rocas”, se siente que la relación y el amor han terminado.
  • No pueden curarlo todo. Sin determinación y persistencia en ambos, no crean nuevas condiciones de amor que sean propicias para devolver la intimidad.


ASÍ SE ENAMORA EL SER HUMANO


La investigación en neuronas espejo ha demostrado que, desde el nacimiento, el hombre está “programado” para crear lazos, comprometerse, sentir empatía y “sintonizarse” con otros a nivel emocional. El amor es esencial para la supervivencia de los humanos, pues existen químicos cerebrales que actúan en el sistema nervioso para unir a una pareja. Éstas sustancias no solo sirven para fines reproductivos, sino que juegan un papel importante en el apego y permiten la creación de relaciones a largo plazo.

¿POR QUÉ NACIMOS PARA AMAR?



  • En los humanos, la vinculación emocional y el aprendizaje inician en el útero materno.
  • El apego entre madre e hijo es una necesidad: todo infante necesita cuidados durante la primera parte de su vida.
  • Para asegurar el amor entre ambos, la naturaleza provee endorfinas y opioides endógenos.
  • La felicidad derivada del enamoramiento en la etapa adulta es similiar: un sentimiento extático que se espera recrear con la pareja para siempre.
  • El cerebro del hombre permite que, reconectando los caminos neurales, sea posible cambiar y mejorar una relación.


AMOR CIEGO. 


No es metáfora, así funciona tu cerebro.


  • Por la euforia que genera el amor, el cerebro “pone a dormir” a los mecanismos que disparan la sospecha.
  • La cautela, duda, escepticismo, discriminación y juicio se adormecen mientras dura el enamoramiento. 
  • En consecuencia, pareciera que la pareja no tiene defectos y es sencillo vislumbrar un futuro feliz y sin problemas.
  • Con el tiempo, estos mecanismos se desgastan. Al “despertar” - con la alteración de la química cerebral - se inicia un estado de desconfianza y depresión.
  • Las neuronas espejo destapan heridas viejas e iluminan escenas tristes del pasado: se realizan conexiones emocionalmente desgarradoras.
  • Para salvar la relación es necesario crear experiencias nuevas que reconecten las neuronas espejo y traigan de vuelta los químicos que aseguran la felicidad, la creación de vínculos y el deseo.
¿Puede el amor ser eterno?



1 comentario:

  1. que intresante =)
    gracias por el dato Francisco Hernandez

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