jueves, 31 de diciembre de 2015

Conciencia, presencia, congruencia

Conciencia

Tonto de mi, pensé que la señal de televisión analógica desaparecería el día último del año a la media noche; pero analizando un poco más los anuncios comerciales, se referían al apagón analógico un día antes. ¿Que estabas viendo (si es que acaso estabas viendo la televisión) cuando ocurrió la muerte de la señal de toda la vida? ¿Yo? Yo estaba viendo No te metas con Zohan, justo en la parte final, cuando el padre del protagonista solicita que su hijo pródigo le haga un corte de cabello.

Así nomas de repente… pssssssss.

No fue una despedida dolorosa, aunque por si las dudas chequé todos los demás canales. Ahora tenemos varios equipos inútiles, no adquirimos en casa ningún convertidor digital. Hay buenas razones, una razón es verdadera, pero todas son buenas.

Para comenzar, tenemos ya años dependiendo para nuestro entretenimiento de Youtube, luego de Netflix, y recientemente de Claro Video de Telmex; no es lo ideal, pero saca del apuro. ¿A que hora vemos televisión? Andamos todo el día en chinga. Además, la decadencia de la cultura moderna se aprecia mejor en la programación matutina… la nocturna no se queda atrás, y como no veo la de media tarde supongo que está igual de mediocre.

No compramos el convertidor porque esta bien pinche caro la mugre cajita hecha en China, la cual de seguro cuesta 2 dólares, y lo venden por $600 pesos, paso. Como buenos norteños nos podemos esperar a que se abaraten. ¿De qué nos vamos a perder? De nada bueno… ni modo que de Laura, del Noticiero con López Doriga o de las repeticiones de los Simpson o Ninja Warrior.

Además, pero no menos importante, yo quiero que el convertidor que pueda reproducir vídeos en formato MP4, si señor, MP4; nada de la mamada esa de Divx o WMV. No nos hagamos tarugos, el formato estándar de facto es el MP4, punto. Me da igual si tiene para DVD.

¿Y si en vez de ver televisión le dedico más tiempo a la introspección? ¿A la meditación? ¿A la espiritualidad?  Es decir, a la conciencia y no a la caja de anuncios comerciantes…

Presencia

De todas partes, siempre que uno ponga atención, puedes encontrar perlas de sabiduría o los ingrediente básicos para las epifanías. Puede ser una canción, una receta de cocina, una película, un manual de operación de una impresora; es decir, de cualquier parte.

No recuerdo en donde vi que en la filosofía zen se considera muy importante el estar ahí, suena raro, pero aunque no lo creas, es muy complicado estar físicamente en el mismo lugar en donde se encuentra uno mentalmente… y a la inversa.

En la oficina hay días en los cuales sólo me comunico con personas a través de la computadora, dejando pasar la oportunidad de convivir con mis compañeros de trabajo. También, en muchas ocasiones les respondo a mis hijos con frases pre fabricada, como cuando Adam Sandler se encuentra en modo automático. Estar ahí significa dejar de consultar compulsivamente las redes sociales, enterandome regularmente de lo que no me importa, desperdiciando valiosas oportunidades de hacer otras cosas. Si las he de checar, será eventualmente, como para no dejar, y si he de compartir algo, primero lo anotare primero en la agenda, quizás una vez que lo plasme note que no era tan relevante. Poner atención, ir a donde está la gente que quiero y no enviarles únicamente un Like. Por eso quizás no me sabe a nada felicitar ya mediante el Face; si lo he de hacer, he de ir.

Congruencia

Lo que me cala me queda, lo que me choca me checa, dime de que presumes y te diré de que careces, lo que comes es lo que eres, lo que compartes es lo que piensas. Uno es el promedio de la cinco personas con quien más convive.

Si, es muy difícil en ocasiones hacer lo que es correcto, pero si bien es cierto, es mucho más sencillo cuando se hace siempre, de tal modo que uno no queda mal con uno mismo. A fin de cuentas, nadie creerá que eres un santo, porque nadie puede negar siempre el impulso de los deseos. Pero, quizás no importe lo que los demás piensan. Uno debe poner la basura en su lugar, respetar las señales de vialidad y ser fiel a sus convicciones, aunque es justo decir que estas últimas pueden adaptarse tan frecuentemente como sea necesario.

Me gusta ser congruente.

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