miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Por qué vemos caras humanas en todas partes?

El nombre técnico de este fenómeno es pareidolia: "la percepción imaginada de un patrón o un significado en donde no lo hay'. Al parecer se trata de una herencia evolutiva. De acuerdo con la doctora Nouchine Hadjkhani, de la Universidad de Harvard, llegamos al mundo programados para detectar caras. "Un bebé de apenas unos minutos de vida dirigirá su atención hacia algo que tiene los rasgos generales de una cara antes que hacia otra cosa que tenga los mismos elementos en un orden aleatorio", explica. La pareidolia ayudó a nuestros ancestros a sobrevivir, pues les permitía diferenciar, por ejemplo, a una piedra de un oso gris y podían huir más rápido. Otros expertos piensan que es un efecto secundario de la manera en la cual procesamos la información. Si el cerebro se enfrenta con formas, líneas, colores o texturas que le parecen demasiado ambiguas, las interpreta como algo que conoce bien, o sea: rostros. En todo caso, si te encuentras un hongo con la cara de Cristo, a Hitler en una tetera, o a la Madre Teresa de Calcuta en un pedazo de pan, entre otros, sonríe, ya que podrías sacar un dineral, como la estadounidense Diana Duyser, quien vendió una tostada mordida con la cara de la Virgen María por 18,500 dólares.

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