lunes, 14 de marzo de 2016

Reivindicando a la cerveza… o 10 razones porque tu panza no es por la cheve

No culpemos a la cerveza de nuestras lonjas y olvidemos el placer que nos da cuando terminamos el día. Después de estas 10 verdaderas causas de tu sobrepeso, ponle un nuevo apodo a tu barriga.

Causa No. 1: Tu automóvil 

No tenemos nada contra la máquina más hermosa inventada por el hombre, pero no creemos que sea tan necesaria siempre que debemos salir a la calle. ¿Urge tomar un taxi para no caminar 15 minutos? ¿En serio es indispensable para ir al súper que está a cinco cuadras de tu casa? ¡Sí que lo es! Pero son calorías que podrías quemar fácilmente. 

Puedes llamarla: Panza motorizada. 

Solución: Caminar 30 minutos al día puede hacer que quemes hasta 100 calorías. Sal a tiempo y aprovecha los viajes cortos para caminar y ejercitarte.

Causa No. 2: La conquista española

Según los códices, las ilustraciones de los libros de la escuela y las películas, este territorio era de hombres correosos y guerreros atléticos hasta la llegada de los españoles, luego se mezclaron y aparecimos los mexicanos con nuestra típica panza. ¿Qué pasó?, ¿traían algo misterioso en sus embarcaciones?, ¿una dieta alta en grasas? Diremos que fue culpa del trigo, de los festejos religiosos y del estilo de vida sedentario de las ciudades europeas medievales.

Puedes llamarle: Panza de conquistador. 

Solución: Como diría Homero Simpson: "No vivas en el pasado, Marge". Mejora tu dieta, corre y sube pirámides como ellos.

Causa No. 3: Tu equipo de fútbol 

La oficina está llena de presiones, llegas a casa y, ¡ah, la familia... también! Solo te queda la pasión por tu equipo para destensarte de una semana complicada. Para colmo, no gana ni contra equipo de la Liga de Ascenso, ni hace las contrataciones necesarias y te desquitas con papas y cacahuates para sentir una recompensa.

Puedes llamarle: Panza pasional.

Solución: Imposible no aficionarte con tu equipo, así que prueba una botana light para que te atasques. Los pepinos —sin albur—, el requesón —sin albur—las tostadas horneadas esperan por ti.

Causa No. 4: La delincuencial 

Todos te dicen que debes hacer ejercicio, pero nadie te paga el gym. El parque es gratis, pero, ¿cómo salir tranquilo a correr con tanta delincuencia? Alguien podría aparecerse con un cuchillo filoso o con una pistola con tal de llevarse tu iPhone, y eso te llena de terror.

Puedes llamarle: Panza sigilosa.

Solución: Exige una mejor educación al gobierno para que los parques no se llenen de maleantes. No cruces los brazos, manifiéstate y piensa en la panza chelera de millones de mexicanos.

Cerveza saludableCausa No. 5: El consumismo

Refresco de dos litros, tacos con doble tortilla, pizza con extra queso y las papas súper híper mega grandes nos alborotan el corazón y hacen que meneemos nuestra híper mega cintura de alegría. Por si fuera poco, todo lo que tiene que ver con ir de compras está diseñado para que no nos esforcemos: las escaleras eléctricas y elevadores reciben nuestras barrigas.

Puedes llamarle: Panza consumista.

Solución: Aguanta la tentación de las ofertas, compra solo los litros de refresco que vayas a tomar y vuelve a casa caminando.


Causa No. 6: El desayuno

Te levantas, bañas y vas al trabajo, pero no despiertas si no consumes tu dosis de carbohidratos. Un atole y una torta de tamal tienen la cantidad necesaria de gozo para comenzar el día. Doble ración, doble felicidad y doble barriga. 

Puedes llamarle: Panza tamalera.

Solución: Aplica el consejo milenario de "quítale el bolillo, cómete solo el tamal". El atole es muy
sabroso, pero podrías dejarlo para una vez a la semana e intercambiarlo por un rico juguo.

Causa No. 7: Las comidas familiares

Son una tradición, con pleitos y carcajadas al por mayor, pero en estos eventos sobresale un personaje oscuro y querendón: la madre mexicana. Su misión es servirte y servirte comida para demostrarte que te quiere. Y está bien, solo debes tener cuidado si te niegas, pues aparecen frases como "No estás comiendo bien", "estás muy flaco', "ándale, come más" y es imposible resistirse. 

Puedes llamarle: Panza familiar.

Solución: Nuestra propuesta es cargar un tóper para que, una vez que estés lleno, te lleves tu itacate, así ahorrarás una semana de fondas.

Causa No. 8: La simpatía

Se supone que los gorditos son simpáticos. Las mujeres se ríen de tus chistes, los niños te abrazan como si fueras Santa Clós, eres el rey. Entonces, ¿para qué evitar la panza y cansarse con ejercicio si eres cada vez más gracioso? Nosotros tampoco lo sabemos, pero créenos, no vas a dejar de ser el alma de la oficina si bajas un par de tallas. 

Puedes llamarle: Panza carismática.

Solución: No dependas de tu actitud bonachona para caerle bien a la gente. Seguro tienes una gran personalidad debajo de toda esa grasa, déjala salir.

Causa No. 9: La televisión

La quieres tanto que te impide ver su verdaddera identidad: el demonio de mil cabezas. No se contenta con capturar tu atención una vez que te echas frente a ella, te llena de deportes, porristas, música y chicas y, cuando te das cuenta, has pasado ochos horas frente a ella y todas las grasas ya hicieron de tu cuerpo su domicilio oficial. 

Puedes llamarle: Panza telera.

Solución: Déjala en el canal de las estrellas y pierde el control remoto, eso hará que te den ganas de levantarte y hacer otras cosas más movidas, como averiguar en dónde quedaron tus calcetines.

Causa No. 10: La indiferencia culinaria

Si no tienes ni idea del arte de cocinar, ¿cómo vas a saber qué comida es saludable? Tu paladar solo reconoce que las gorditas de chicharrón son sabrosas y más con salsita extra.
Puedes llamarle: Panza inculta.

Solución: Un curso intensivo de cocina. Cómo preparar un sándwich de queso panela con jamón de pavo sin mayonesa y módulos por el estilo.


10 razones porque tu panza no es por la cheve


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