lunes, 20 de junio de 2016

30 días sin probar vaca, pollo ni puerco. #Retoblog día 20

Imaginen no hacer durante 30 días algo que es parte integral de su rutina. Imaginen renunciar voluntariamente a algo que les hace feliz, inmensamente feliz. En mi caso, y si acaso me leen, hace 30 días dejé de comer carne. No, no se trató de vegeteranismo, sino de veganismo. Como toda nueva rutina, es particularmente complicado en un inicio, paulatinamente se crean nuevos modelos de comportamiento, pasadas algunas semanas se vuelve parte de uno, de mi en tal caso. Antes, solía decir en clase que si acaso deseabas ser diferente, tu familia, la familia no te iba a ayudar; las familias crean rutinas heredadas de generación en generación, en éstos tiempos de cambios vertiginosos de paradigmas, el cambio (como siempre) es inevitable, salvo que ahora se da a la velocidad de Internet. Pues bien, en ésta ocasión, todas las partes de mi familia ayudaron a complir mi objetivo, no comer carne durante un mes. Por supuesto hubo detractores, si los hubo.... incrédulos, también los hubo... hubo indiferentes, si, si los hubo.... hubo payasitos burlones, pocos, pero los hubo de quien menos me lo esperaba.

Los cambios que noté fueron los siguientes: podía dormir de inmediato, despertaba antes de sonar el despertador, una hora y media antes que de costumbre, sin sueño. No necesité más el café matutino para terminar de despertar. Mi humor mejoró considerablemente; resuelvo los problemas de un modo más tranquilo, mi estado normal es de alerta, sin somnolencia a medio día. Me siento ligero y día con día necesitaba más variedades de comida, entre ellas la cruda.... si, cruda, al final mis comidas más pesadas del día consistían en frutas y verduras crudas; aunque es verdad que cocinaba algunas con excelentes resultados... gracias Youtube por tantas y tantas ideas.

Como dije, si hubo quien me echó la mano. Al inicio mi esposa no sabía ni que cocinarme, luego, ella también hizo gala de su ingenio, me ayudo a descubrir algunas formas de preparar algunas comidas, mismas que fueron mi salvación en más de una ocasión en las cuales no había ni una idea para degustar. Por cierto, no bajé mucho de peso, pero si se me desinflaron algo los cachetes y la barriga. Reinicie la rutina de correr por las tardes, me percaté de que cada día corría un poco más suave.

Ahora bien, ya comí machacado, tacos y pozole... toda una fiesta norteña mexicana de sabor. El estómago me reclamó el jolgorio, y tal cual resaca... prometo no volver a hacerlo. Es decir, de ahora en adelante procuraré comer la menor cantidad de carne posible, magra en todo caso, abundar en las verduras y de postre las frutas. No es tan difícil como parece. ¡Ah¡ Lo olvidaba... desde mañana procuraré dejar las harinas, tanto las de maíz como las de trigo, del mismo modo eliminaré de mi dieta las azucares procesadas. Lo de abandonar la Coca Cola nuevamente está en veremos.

Si acaso creen que les pueda servir de algo mi experiencia en éste caso, no duden en preguntar, responderé con gusto.

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