miércoles, 8 de junio de 2016

El Facebook de Sísifo. #Retoblog, día 8

Como sabrán, y si no se los recuerdo justo ahora,  hace poco comencé a dejar de utilizar Facebook... bueno, como todos (creo yo), hubo una o dos ocasiones en la cuales pensé eliminar la cuenta por completo; como cuando se es adolescente y se decide que por el bien de todos y para que te extrañen te irás de casa nada más con lo que quepa en una mochila, del mismo modo decidí abandonar al Face, hace ya mucho tiempo de eso. Luego, igual que el adolescente que alguna vez fui, volvía arrepentido a casa cuando el hambre arreciaba, porque a todo se acostumbra uno, menos a  no comer; del mismo modo, el hambre por saber lo que no me importa y sentirme apreciado me hacía regresar a escribir el login y el password de la red social.

Y ahí estoy de nuevo, haciendo scroll en un muro atestado de pendejadotas, pendejadas y pendejaditas... que si Fulana odia al Ex porque se fue con la Güera oxigenada quien lo sonsacaba, que el hijo de Perenganito por fin hace caca solito en el la taza, con fotos para dar fe del acto majestuoso, que si Mengano opina sobre la política que es un asco y que el Presidente es un Pendejo, el Presidente de la Fifa, por supuesto, no vayan a creer que otro.

Babosadas las justas, nada más.

Durante años consultaba asiduamente los anuncios de cumpleaños, felicitaba con un mensaje particular a quien tal o cual día celebraba una vuelta más en la canica azul, con la vana esperanza de que alguna vez, cuando fuera mi propio aniversario, se me felicitase de la misma manera. ¡La manga que! Ni madres... por supuesto que recibía un mensajito, corto y simple, a veces ni eso. Opte por no felicitar a nadie más por medio del muro, si Facebook me avisa, iré a buscar al cumpleañero para felicitarlo, y si vive lejos o no lo encuento, pus ni modo, se chingó el asunto.

¿Cientos de amigos?

Se que hay quienes llenarían una sección completa del Estadio Azteca con la cantidad de "amigos" que ha acumulado en su cuenta. La teoría dice que no podemos atender eficientemente a más de 15 personas, aunque conozcamos a 5,000, por lo tanto, tener más de 15 amigos es, para cuestiones prácticas, imposible de controlar. Yo tenía unos cientos, así que me dediqué a saludar a uno por uno, a todos, TODOS... dejé pasar algunas horas, unos días, unas semanas, un mes... si para ese entonces no me había devuelto alguien el saludo... "... eliminar de mis amigos".  Luego, veía quien era conocido de épocas pasadas, ese monito con el cual no había cruzado palabra en años, ese individuo con quien compartí un curso o algún trabajo eventual, con quien intercambie alguna vez la cuenta de Facebook, quien me agregó o lo agregué pero que jamás hemos vuelto a coincidiar .... "...eliminar de mis amigos".  Eliminar, eliminar, eliminar.... por las razones más variopintas.

De Política... y cosas peores.

Lo anterior es el título de la columna de Armando Fuentes Aguirre "Catón", la traigo a colación porque con la campaña pasada me di cuenta que muchos quienes se quejaban del partido regente en éste Estado, se quejaban amargamente de tal administración, a pesar de vivir de la misma, de ser aviadores, de cobrar sin trabajar... luego, comenzó la campaña y se desvivían en elogios por el partido. ¡Malditos hipócritas! Si por mi fuera les aplicaría la misma estrategia que en su momento realizó el partido Nazi. En fin, una razón más para eliminarlos. Eliminar, eliminar, eliminar.

La gran purga.

Lo que comenzó con una limpieza sencilla, terminó por ser una masacre Stalinista, pasé de cientos de "amigos" a una centeta, a 50 nomás... y sigo analizando quién se irá. Por supuesto que mi esposa, mis papá y mis hermanos se quedan, uno que otro primo y los amigos que se cuentan con la mano, nomás... ¿para qué chingados quiero más? Mi muro luce cada vez más limpio, minimalista, aún se leen pendejadas, pero son mi elección leerlas. Además, existe otra magnífica opción que dice "... dejar de seguir", asunto arreglado.

Dicen de mi.

No hay peor error que andar contándole a Facebook qué carajos nos gusta, libros, películas, canciones, programas de televisión, de cuál partido somos, en dónde estudiamos, cuál religión profesamos, en dónde trabajamos, de cuál color hicimos la popó y lo que pasa por nuestra relación sentimental. ¿Para qué lo quiere saber? Pues para darte la mejor publicidad que el siglo XXI te puede proporcionar. A quien le importas no necesita saberlo en la red, y a quien no le importas, pues no le importas. Así que... también me dediqué a eliminar lo que alguna vez compartí... los videos, los extractos de libros, las fotos, los fragmentos de vida que uno va recopilando.

El síndrome de Díogenes

O lo que es lo mismo, las redes sociales nos vuelven acumuladores compulsivos, como los locos de los programas de pseudo realidad, en donde ves que alguien vive con 30 gatos en un departamento en Nueva York donde apenas se puede pasar por la cantidad de periódicos, libros, zapatos, platos y demás objetos que cubren  piso, techo y paredes. Así, lo mismo las redes sociales, son una acumulación de cosas que no necesitamos. Entonces, eliminar, eliminar, eliminar.... ¡Uf! tardé mucho tiempo, dedicándole una hora al día tardé semanas en acabar con cualquier Like, comentario, foto, grupo, etc, que alguna vez cometí el error de clickear en Facebook. No se como se llame esto en psicología, pero he descansado mucho haciéndolo, hasta puedo decir que es muy ZEN, quien sabe si aplica.

... y volveeer, volveeeeeer, vooooooolveeeer.

Como dije, alguna vez ya había hecho algo remotamente parecido, pero ésta vez fue muy  en serio, únicamente dejé mi foto de perfil y ya. Ni siquiera tengo activado el chat, de hecho eliminé la aplicación de mi teléfono; en caso de necesitar entrar, porque hay que admitir que el Facebook aún estará muchos años dando lata, puedo entrar desde la página web. Lo mismo para el Twitter o el Instagram, al cual por cierto, no le veo modo tampoco. Si alguien se quiere comunicar, que me llame por el Whatsapp, el cual por cierto, también he limpiado de todo a todo. Pero eso, como dijo la abuelita, es otra historia, digna de su propio artículo.

Si quieren saber cómo me he desintoxicado de la era digital, basta con que me pregunten, los puedo agregar al Facebook para charlar por inbox más a gusto.

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