martes, 7 de junio de 2016

Tu último artículo, tu último twit, tu última foto. #Retoblog, día 7

Los libros son (eran) la única máquina del tiempo funcional; con un libro podías conocer lo que personas en otros lugares, en otros idiomas, en otro tiempo pensaban. Si tu tataratatara abuelo había tenido la gracia de escribir su diario, quizás pudieras descubrir entre sus líneas algo que explicase tu propia existencia... quizás únicamente era un chamaco sin quehacer por la vida. Sin embargo, aquellos libros podían perderse, podían quemarse, podían haber sido heredados por una línea familiar diferente a la tuya y alguno de tus primos en veinteavo grado quizás lo tuviese, en el mejor de los casos, arrumbado en el rincón de alguna biblioteca familiar, o quizás haya servido en alguna ocasión como sustituto de papel de baño... supongo que vieron esa escena en Danza con Lobos.

Pocos son los libros que sobreviven a más de una generación. Además, esas maquinitas del tiempo carecen de una característica: únicamente los seres del pasado pueden hablar con los seres del futuro.

[Inserte aquí un hueso fémur en un cielo azul, luego imagina que se convierte en una nave espacial orbitando el planeta Tierra]

Luego de tantos y tantos esfuerzos por convertir a nuestra canica azul en una aldea global, por fin se ha conseguido... gracias a los portugueses y holandeses en los siglos pasados, y al Internet, muy recientemente. Puedes enterarte de todo lo que pasa en el mundo en tiempo real. ¿Quién imaginaría que podría ver un concierto de Paul McCartney desde la comodidad de mi casa, gracias a Youtube? ¿Quién? Pues si hay quien, hay muchos quienes tenían esa fantástica y descabellada idea de darle la vuelta al mundo en menos de 80 días, como Verne, o en algunos segundos.... a color, como a González Camarena. Poco a poco la brecha espacio temporal se cerraba, los medios masivos de comunicación, que de comunicación no tenían nada pasaban de hablar uno - escuchar millones, a hablar millones y escuchar miles de millones.

... bueno, no tanto.

Imagina esto... ¿cuántas personas saben hacer algo? Algo... lo que sea. ¿Cuántas de tales personas (en el mundo) tienen ganas de compartir lo que saben? ¿Cuántas personas tienen una cámara digital y el tiempo para editar lo que quieren compartir? ¿Cuántas de esas personas tienen acceso a Internet con una velocidad digna? ¿Cuántas de esas personas tienen una cuenta en Youtube? Si acaso sacaron las cuentas como Amelíé (el palito sobre la e es para el otro lado), entonces no tienen ni puta idea... pero son muchos, pero no tantos, tan pocos son que no llegan ni al 2% de la población mundial.

... tantos videos como granos de arena.

Ahora, con todo ello es imposible ver todos los videos compartidos en las diferentes páginas en Internet, simplemente en Youtube y en Facebook se pueden contabilizar cientos de años en video subidos diariamente. Como nunca antes la humanidad ha tenido tanto para ver, sin embargo, sigue aburrida y todos ven lo mismo... lo mismo... lo mismo... lo mismo.

¿Tu ya hiciste un video? Por supuesto que no... si has de ser bien huevón, te la pasas consumiendo los memes, y nada más los que tienen pocas palabras. Sin embargo, hay otros que se han dado a la tarea de hablares a los video espectadores desconocidos. Se dan su tiempito para hacer algo digno y compartirlo.... cómo reparar la pintura del coche, cómo hacer empanadas a la michoacana, cómo construir un columpio con una llanta, cómo pintar con acuarelas. Luego, tienen la opción de recibir comentarios, y de responderlos, mientras vivan y no violen los derechos reservados, tienen la capacidad de incrementar audiencias. Eso nunca antes había sido posible de manera tan simple y espontanea.

... hay quienes descargan esos videos.

Se supone que para mantener el sistema tal como se menciona, no se debe permitir descargar los videos, ya que no se podría mostrar la publicidad asociada a la cuenta. Pero la realidad es otra, la gente los descarga para su disfrute personal en su celular. Lo bueno es que si es eliminado por razones justas o injustas, se tiene un respaldo. Porque.... Aunque Internet nunca olvida, es cierto que las cosas quedan en el olvido.

... para muestra basta un MySpace.

¿Llegaste a tener cuenta en MySpace? ¿Tuviste tu primera página en Geocities? ¿Si? Entonces estás ruco como tu servidor. Sucede que los servidores desaparecen, las fotos se esfuman, los datos se borran, la información se corrompe... la entropía carcome también al mundo digital, y con ello llega la nada.

Entonces... volviendo a la frivolidad del título del ésto ¿Qué ha sido lo último que has compartido en la red? ¿Una queja? ¿Un sarcasmo? ¿Una ironía? ¿Una foto? ¿Un like? ¿Y si fuese eso lo último que puedas publicar? ¿Qué pasaría si mueres dentro los cinco minutos después de que has compartido algo como: "¡Chigue a su madre el América¡"? ¿Qué pensarán de ti las futuras generaciones... tus hermanos.... tus amigos... tu ex? Llorarán por tu partida y buscarán incansablemente consuelo en lo que sea que hayas dejado tras de ti, en tu muro de Facebook por ejemplo. ¿Y si eso último fue un meme contra la compra perros en favor de la adopción? Triste, muy triste.

Cada cosa que compartimos puede ser la última. Así que no chinges, al menos déjanos algo de calidad... no seas ojete pinche mamón ridículo.

(¿Si se entendió la ironía?)

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