miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Cómo viven los judíos ultraortodoxos en Jerusalén?

‘Jaredí’ es el término para denominar a un judío ultraortodoxo y se caracterizan por ser sumamente devotos. El principio de su sistema de creencias es la Torá, es decir, los cinco primeros libros de la Biblia y cuya autoría se atribuye a Moisés. Recientemente tuvimos la fortuna de visitar Israel y esto fue lo que vimos (y aprendimos):

Jerusalén en una ciudad que se divide por barrios. Aunque ahora los límites ya no están tan claros ni para los habitantes mismos, sí hay algunos sectores que se caracterizan por los grupos que viven en ellos (en la Ciudad Vieja, por ejemplo, hay grupos armenios, cristianos, judíos y musulmanes). El barrio de Mea Shearim es en el que habitan los judíos ultraortodoxos.

Las calles de Mea Shearim están llenas de carteles y desplegados que los jaredíes utilizan para comunicarse. En las casas no hay teléfono, televisión, radio y sólo unos pocos tienen computadora. Por ello, en las calles hay pliegos en los que se anuncian eventos o noticias y que todos pueden consultar.

Los judíos suelen casarse cuando son jóvenes (es raro que las mujeres pase de los 23 años) y tener un hijo cada año. En las calles de Mea Shearim, es común ver a los hombres separados de las mujeres. Ellos caminan por delante y ellas, junto con sus hijos, detrás de sus maridos.

Las mujeres jaredíes llevan el cabello cubierto porque se considera algo sensual y no deben ser deseadas por otros hombres que no sean su marido. Asimismo, ponen especial atención en la idea de la ‘perversión’. En el Muro de los Lamentos (el lugar más sagrado para el judaísmo), por ejemplo, los hombres rezan de un lado y las mujeres del otro. De este modo evitan ‘distraerse’ con ideas perversas y se dedican exclusivamente a orar.

Por otro lado, toda mujer jaredí viste siempre de falda o vestido. Esta costumbre obedece a que en Deuteronomio dice: “no vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. Es decir, ellos no pueden llevar falda y ellas no pueden llevar pantalones.

El día del Shabbat, séptimo día y el más sagrado de la semana judía, inicia el viernes con la puesta de sol y termina el sábado con la aparición de estrellas (el día que nosotros estuvimos de visita, el término oficial del shabbat fue a las 8:20 de la noche).

Durante el shabbat está prohibido el trabajo y los judíos deben dedicarse a orar y a realizar todo aquello que provoque placer (sí, hasta la persona judía que nos lo explicó nos dijo ‘ahora ya entienden por qué tenemos tantos hijos’).
Con ‘prohibido trabajar’ se entienden una diversidad de actividades. Por ejemplo, no se puede limpiar la casa, cocinar o conducir un auto. Por ello, gran parte de ellos (aunque no sean ultraortodoxos) se hospedan en hoteles. En el que nosotros estuvimos había un comedor especial y exclusivo para ellos, un elevador que se detenía en todos los pisos (para que no tocaran ningún botón) y observamos jóvenes que transcribían la Torá.

Conforme avanza el viernes, las calles se van vaciando. Hay judíos que entran y salen de la Ciudad Vieja para dirigirse al Muro de los Lamentos. Los accesos a turistas están prohibidos en esta noche. Los hombres visten de negro –con sus mejores galas– y llevan sombreros. Los más grandes y vistosos son de piel y constituyen una herencia rusa. Quien no tiene recursos para comprarlos, lleva un sombrero más austeros.

No todas las mujeres van al muro a orar (de hecho, nosotros no vimos ninguna ni siquiera durante el sábado). A ellas se les permite faltar en caso de que tengan que amamantar o dedicarse a sus familias.

Durante una cena en el barrio ultraortodoxo, el hombre se dedica a la oración, luego la familia se sienta a la mesa en silencio, se parte el pan y se sirve el vino.

Los judíos (en general) tienen una alimentación específica. Nuevamente, basan los lineamientos en la Torá. Una de las características que observamos en los lugares en que comimos es que no mezclan carne con lácteos porque el Éxodo dice: “No guisarás el cabrito en la leche de su madre”. (Por poner un ejemplo burdo: en McDonalds las hamburguesas se venden sin queso).

La noche del sábado, después de que termina el shabbat, en Mea Shearim los hombres salen de las sinagogas y se dirigen a sus casas. Algunos seguirán dedicados a orar el resto de la semana.

La dedicación a la oración de algunos jaredíes es una preocupación para el Estado de Israel. Dado que los hombres dedican todo su tiempo al estudio de los textos sagrados, las mujeres son quienes trabajan. Por ello –y por el tamaño de sus familias– algunos viven en condiciones de pobreza (sin embargo, sobreviven por la ayuda que se prestan entre sí).

Asimismo, pueden evadir el servicio militar (hombres tres años y mujeres dos), con el mismo argumento (la oración y el estudio de los textos sagrados). Aún está por verse cómo es que el gobierno resuelve esta situación. 

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