Buscar este blog

¿Cómo se originaron las corridas de toros?

Aunque se han querido rastrear algunos antecedentes de la fiesta brava en las civilizaciones antiguas, su verdadero origen se sitúa en España, donde había abundantes toros en estado salvaje
muchos hombres que buscaron pleito con ellos. Se sabe que en 1124, en ocasión de la boda de Alfonso VII con Doña Berenguela, La Chica, hija del conde de Barcelona, hubo una corrida. En .332 en Roma, murieron varios toreros aficionados, por lo que esta clase de prácticas se prohibió en Italia. En España, siguieron desarrollándose y ya eran populares en los tiempos de los Reyes católicos. La fiesta se consolidó entre los siglos XVII y XVIII. Se sabe que en 1701, durante el viaje que realizó Felipe V por la madre patria para tomar posesión del trono en Bayona como primer gobernante de la dinastía Borbón, se celebró una fiesta con toros navarros, donde se ejecutaron por primera vez los lances y suertes de capa que conocemos hoy. Años después las corridas sobrevivirían a las prohibiciones de algunos monarcas, como el propio Felipe V. La tradición se fortaleció con la presencia de las tres primeras grandes figuras del toreo: Joaquín Rodríguez Costillares, José Delgado Guerra Pepeillo y Pedro Romero. Todos prosperaron en el siglo XVIII. En aquel entonces, los trajes no eran de tela, sino de ante (piel curtida) y, en vez de la característica montera, llevaban un sombrero de tres picos. La coleta, empleada para sujetar la montera hoy en día es un postizo, pero los toreros de aquella época la tenían de su propio cabello. Hasta mediados del siglo XVIII las banderillas se colocaban de una en una y en cualquier momento de la lidia. El acto de 'brindar' la lidia del toro a alguno de los asistentes a la corrida es también /estigio de la cortesía y el ceremonial que marcaron los inicios de la fiesta brava.

No hay comentarios:

Publicar un comentario