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¿Es posible viajar en el tiempo con una máquina?

Esta misma pregunta dio origen a una de las novelas de ciencia ficción más importantes que se han escrito: La máquina del tiempo (1895), de Herbert George Wells, adaptada al cine en innumerables ocasiones. En ella se cuenta la historia de un científico que crea un aparato especial que le permite transportarse al futuro. Después de visitar ese tiempo y vivir algunas peripecias con sus habitantes (los Morlocks) regresa a su presente para narrarlas. Pero más allá de una afortunada idea literaria, parece imposible que eso ocurra en la realidad. Existen numerosas explicaciones sobre el tiempo y su supuesto funcionamiento. La que me parece más sensata lo describe como una experiencia subjetiva: es decir, no tiene una realidad material fuera de nuestra conciencia, no se trata de un espacio o un lugar a donde podamos ir o regresar; se trata, más bien, de una categoría intelectual que aplicamos a la realidad para organizarla mejor en la percepción. De manera que ningún artefacto puede acceder al futuro o al pasado. A lo más que podemos aspirar, es a viajar a nuestro propio pasado mediante los recuerdos, que a veces resultan tan vívidos como la propia experiencia real que los originó.

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