Bombardeo desde el sol

En julio de 1988, 3,000 palomas mensajeras emprendieron el viaje anual rumbo a su nido, del norte de Francia al sur de Inglaterra. Pero algunos fenómenos solares iban a frustrar la travesía. Dos días antes, una erupción solar (explosión colosal en la superficie del Sol) había lanzado al espacio nubes de protones eléctricamente cargados y otras partículas subatómicas.

El campo magnético de la Tierra se alteró. Cuando el mal tiempo, impide a las palomas mensajeras orientarse por los astros, emplean "brújulas" interna. Está vez el fenómeno solar las confundió, erraron el rumbo y pocas llegaron a su destino.

Dichas aves no son las únicas criaturas a las que las erupciones solares ponen en peligro. Las partículas de alta energía que éstas emiten plantean un alto riesgo de enfermedad por radiación, y de cáncer incluso, para los astronautas. Los vuelos espaciales se posponen siempre que los astrónomos observan una erupción. Si alguna vez se construyen bases en la Luna o en Marte, quizá deban ser protegidas con rocas contra la radiación emitida por las erupciones solares. Y las naves espaciales tendrán que ser equipadas con "refugios antibombardeos" para que la tripulación pueda resguardarse de las erupciones.

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