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¿Por qué tememos preguntar?

Cada vez que hablamos tenemos dos opciones: hacer una pregunta o afirmar algo. Realizar preguntas inteligentes y sinceras puede hacer la diferencia en nuestra vida, en nuestro trabajo y en nuestras relaciones.

¿Se ha encontrado contándole un secreto a un completo desconocido sólo porque le hizo la pregunta adecuada? Ese es el secreto de los comunicadores más hábiles: Preguntan para sacar información, historias y conocimientos.

Observe los noticieros y los programas de televisión, por ellos pasan personas de todo tipo, desde políticos y artistas, hasta personas comunes. Todos sucumben ante el poder de un buen entrevistador. Muchas veces, quien hace las preguntas es menos poderoso que el entrevistado, sin embargo, todos contestan a sus cuestionamientos y quien evade la pregunta nos hace pensar que oculta alguna oscura razón.

Las personas que cuestionan son muy respetadas, si lo duda, observe a Cristina Pacheco, Joaquín López Dóriga, José Gutiérrez Vivó, Carmen Aristegui, Pedro Ferriz de Con o Jacobo Zabludovsky, entre otros. Aprendamos de ellos que saben preguntar bien y conseguir excelentes respuestas.

Preguntar tiene muchas ventajas, no sólo logramos enriquecer nuestras relaciones, solucionar problemas y tomar decisiones más acertadas, sino que logramos una mejor comprensión de nosotros mismos y de los demás.

Todo esto suena muy bien, pero...

¿Por qué no preguntamos más? ¿Por qué a veces nos da vergüenza hacer hasta la consulta más simple?

Hay varias razones, por ejemplo:

1.- Tememos cuestionar a la autoridad.

Ésta, quizá, es la razón más común. Cuando percibimos que alguien tiene más poder que nosotros, el temor o la inseguridad nos invaden y preferimos aceptar lo que nos dice sin confrontarlo. Cuando estamos frente a alguien con conocimientos específicos, como un doctor o un abogado, creemos que tenemos que hacer preguntas inteligentes y, como no nos sentimos bien preparados para hacerlas, preferimos quedarnos callados.

2.- Tememos vernos vulnerables.

Todo el mundo siente miedo de quedar descubierto al hacer una pregunta, sin embargo, si éstas son pensadas y enfocadas, se puede fortalecer nuestra seguridad además de obtener información valiosa.

3.- Tememos parecer ignorantes.

A veces, la gente asume que sabemos más sobre un tema en particular, cuando esto sucede, preferimos no abrir la boca para no delatarnos.

4.-Tememos exhibirnos como tontos.

Quizá pensamos que, al hacer una pregunta, nos vamos a ver poco inteligentes. A menos de que las personas sean snobs o sabelotodo, normalmente la gente admira a quien pregunta acerca de algo que no sabe.

5.- Pensamos que saber todas las respuestas nos hace vernos bien.

De hecho, sucede lo contrario. La gente admira a quien siempre está deseoso de aprender.

6.- Tememos ser descorteses.

Hay familias en donde se aprende que hacer preguntas es tanto como entrometernos en asuntos que no nos incumben y que la gente bien educada no debe preguntar. Eso puede suceder si es que hacemos un interrogatorio del tipo de la PGR o comenzamos con ¿cuántos años tienes? En la mayoría de los casos, nuestro objetivo es establecer un diálogo -un dar y recibir-, por lo que el hecho de cuestionar es correcto.

7.- No sabemos cómo.

Desde preescolar hasta la universidad, absurdamente nos han enseñado a tener las respuestas, no a formular las preguntas. Por lo general, son los maestros los que preguntan no los alumnos. Esto es un error ya que propiciar la curiosidad de los alumnos es la manera más efectiva de que aprendan.


Preguntar tiene muchas ventajas:

1.- Las preguntas requieren respuestas, cuando alguien nos pregunta algo, sentimos la obligación de contestar. ¿Qué crees que podemos hacer?

2.- Estimulan el pensamiento, tanto en la persona que pregunta como en la que va a responder. Si los pájaros pueden volar, ¿por qué nosotros no?

3.- Nos dan información valiosa. ¿Quién tiene la autoridad de firmar esto?

4.- Como las preguntas requieren respuesta, otorgan cierto control a quien cuestiona. ¿Podrías tomar ya una decisión?

5.- Provocan que la gente se abra, aun la de carácter cerrado, al sentirse foco de interés del entrevistador. ¿Cuál es la fiesta más interesante en la que has estado?

6.- Nos lleva a escuchar al otro con atención. ¿Quieres que te dé mi opinión?

7.- Es una gran herramienta de persuasión ya que, con una pregunta bien planteada, podemos obtener respuestas específicas. ¿Qué crees que te puede pasar si te desvelas tanto?


No cabe duda que a cualquier edad las preguntas estimulan y persuaden. Son señales de una mente curiosa, de un corazón atento y de una personalidad segura de sí misma.

Así que no temamos preguntar. En nuestra vida personal y profesional, cuestionar puede ser la diferencia entre conseguir lo que deseamos o no. Y después de todo, más vale obtener una respuesta aunque duela o incomode, que quedarse con la duda. Más sabe un ignorante preguntando, que cien sabios respondiendo.... ¿No cree usted?

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